EL TRIUNFO DE LA ESPAÑA ADOLESCENTE

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EL TRIUNFO DE LA ESPAÑA ADOLESCENTE

Uno despierta una mañana y descubre que España ha retrocedido cuarenta años. Que sufre un ataque de infantilismo agudo y que la adolescencia mas pueril, aún más por tan viejuna, marca pautas, conductas e impone sus caprichos, dictados con esa manera tan totalitaria con que la inmadura pubertad de autoconcede dada su convicción de estar en exclusiva posesión de la verdad absoluta, la bondad eterna y la solución universal. Antes de ello todo ha sido pecado, perversión y rendición total a las fuerzas oscuras de la maldad.

España, por supuesto, es otra cosa muy diferente y muy cambiada pero una cosa es lo que se ve, los hechos y la realidad, que carecen totalmente de importancia, y otra cosa lo que se interioriza como “verdad”, más bien como revelación y se adopta como religión. Nuestra Nación en estas cuatro décadas ha dado un espectacular salto adelante en todos los sentidos y aspectos. En libertad, en democracia, en pluralidad, en respeto a identidades territoriales y culturales, en derechos y estado de bienestar, en riqueza, en solidaridad social. Y esas bagatelas sin importancia como carreteras, vías férreas, sanidad, acceso a la educación y esas cosas del comer que nada parecen importar.

Porque lo asombroso es que el infantilismo que se ha apoderado de buena parte de las últimas generaciones incapaces de superar la pubertad aunque anden ya por los 40 es que la percepción o al menos lo que dicen que esto les parece es que España es algo así como Somalia o incluso peor y el retrato el de un país infecto, rancio y atrasado. Diríase, oyéndolos, que las gentes se mueren de hambre por las calles, que la opresión es total, que la policía amordaza (no es mío el mote de la ley) y encadena cualquier atisbo de libertad, que hay impunidad total y los corruptos están todos en Bahamas y que esto es un infierno terrible, invisible y brutal. Es más, vivimos en el franquismo, porque ellos parecen necesitar que estuviera vivo o que lo parezca, y quien se les oponen son fascistas y nazis de mediados del siglo pasado.

Supongo que se debe a la propia necesidad de heroificar su actitud esa obsesión. Esa es la “verdad” que expande, pregonan e imponen. Esa es la propia sensación de frustración total que trasmiten y con la que impregnan ya todo y avanzan hacia el totalitarismo de pensamiento para luego hacerlo de palabra y obra.
España, Europa, la civilización democrática, el lugar del mundo al que todos quieren, y como sea llegar, a ellos les repugna, lo desprecian, lo pisotean y lo consideran tan vil que suponen que quienes lo atacan tienen derecho o al menos razones para hacerlo estallar.

Y no es metáfora. Los hijos del Estado del bienestar, y este ha aguantado por fortuna, coraje y capacidad, en nuestro país hasta en los momentos de peor crisis y angustia, el que envidia y sueña como meta media humanidad, ellos a quienes la primera lotería que les ha tocado y las mas trascendental ha sido nacer en el, claman contra el, se sienten frustrados, ¿como no, esa es la palabra esencial?, incomprendidos, y vacíos, llenos de ira, de rencor contra todo el sistema y hasta de nihilista instinto de autodestrucción. La culpa total de todo es en la adolescencia personal de los padres. En la adolescencia viejuna, ideológica y política, esa “culpa” se traslada por completo a la “sociedad”, al sistema, a todos los demás que no sean ellos mismos y como ellos lo entiendan así.

Son precisamente esas generaciones que han crecido, y eso en España se nota mucho más, sobre el esfuerzo de quienes hicieron del trabajo y el sacrificio su pauta esencial, de quienes si hubieron de padecer la persecución y la dictadura, de quienes avanzaron, transformaron y cambiaron un país hoy irreconocible y para bien. Son esas generaciones que han vivido ya en el derecho, en la libertad y en la oportunidad.

Las generaciones donde el acceso a la educación, a la salud, a la pensión son ya parte misma de la vida, derechos indiscutibles y que todos asumen como intocables. Pero donde parece haber en el envés de la moneda la impronta de que para ellos el único deber se limita a un exigir, a un dame más y dame más. Un dame más dirigido, que sarcasmo, a ese Estado, a esa sociedad a la que consideran la culpable de todo el mal y la excusa para que ellos puedan cometer cualquier barbaridad. Siempre me viene a la cabeza un ejemplo.

Aquellas gentes del Pozo del Tio Raimundo que llegaron, tiempos de agobio, pobreza y necesidad y con tesón, lucha y valentía dignificaron todo y a su barrio y, por el contrario ahora, a muchos de sus hijos de hoy y en la situación en que están. ¿Quién tuvo más oportunidad? ¿O no tiene nada que ver nada en nuestra propia vida nuestra actitud? ¿No tenemos nosotros mismos nada que ver en lo que al final somos?. No: dame más. Tengo derecho a que me des. No tengo ningún deber que hacer.

Los españoles nos caracterizamos por la ignorancia y el desprecio a nuestra propia historia. Ahora estamos aplicándolo al más reciente de los pasados. La desmemoria se acompaña con la tergiversación y la mentira total de lo aquí se hizo, se labró, se pactó y se logró por el bien general y común. Hoy todo ello quiere ser sepultado, tras ser ofendido y aplastado bajo un relato falso y trufado por el odio. El relato de una España adolescente y viejuna que quiere imponer como verdad absoluta y única.

La España adolescente, presa del infantilismo mas cerril, pues si algo tiene como seña es su desprecio a todo lo que no sea su voluntad, que en no pocas ocasiones puede ser muy bien capricho, se está imponiendo y nos está imponiendo una visión, una manera de entender y en nada pretenderá también someternos sin réplica a lo que supongan que hemos de hacer, de ser y de sentir. Y España, bovinamente, sin resistencia, dejándose embaucar y pastorear se está dejando someter. En muchos aspectos esta sometida ya a esta dictadura de este adanismo que no es otra cosa que inmadurez e imposición.

Antonio Pérez Henares

 

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