EL TURISMO NO ES UN PROBLEMA

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EL TURISMO NO ES UN PROBLEMA

El turismo no es un problema, es una solución. Ha sido, por ejemplo, la gran solución de Barcelona, que con los Juegos Olímpicos se abrió al mar y al mundo. Evidentemente hay que encontrar soluciones a los pequeños problemas que el turismo plantee, pero es de pijos, de niños consentidos y de desagradecidos demonizar el turismo como si pudiéramos vivir sin él.

Hay una relación especialmente directa y cruel entre los que se quejan del turismo y los que más prestaciones sociales reclaman, en este eterno drama de las sociedades avanzadas que se concreta en el desprecio que sienten hacia los empresarios, turistas, etcétera, los que más parasitan la riqueza ajena.

Claro que estoy a favor del turismo, de los hoteles de cinco estrellas, de las rutas del modernismo y de las playas llenas. Y claro que estoy en contra de las faltas de respeto, de que los vecinos no puedan dormir, de los abusos inmobiliarios y del desorden público: pero que haya que imponer la mano dura contra los excesos no significa que nos podamos permitir cerrarnos como engreídos catetos al turismo, que es como vivir de espaldas al mundo, a su prosperidad y a su progreso.

Barcelona y los barceloneses hemos podido sobrevivir con mucha más holgura a la crisis que tantas otras ciudades igual o más importantes gracias al turismo, gracias a la increíble actividad económica que genera el turismo y que luego podemos aprovechar para mantener a antisitemas de plaza y porro, a artistas deficitarios, a poetas inéditos y hasta a una alcaldesa técnicamente analfabeta, de un populismo que contiene todas las formas de la bajeza y cuyas ideas para la ciudad son tan tercermundistas como el submundo idelógico del que proviene.

El turismo es, principalmente, la solución de las vidas de la gente que se queja del turismo, que cree en los derechos y en las conquistas sociales y que por motivos que nunca he logrado de comprender, en lugar de procurar que no se les acabe la teta, arremeten contra ella con la mayor brutalidad y sin la menor inteligencia.

Y a pesar de todo, os continuaremos ayudando. Pero tal vez no nos harían falta tantos turistas sin vuestra demencial insistencia por perjudicaros tanto.

Salvador Sostres ( ABC )

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