Un hombre tranquilo

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Un hombre tranquilo

Lo primero fue buscar sus gafas. Estaban rotas e inservibles. Las necesita. Sin ella ve poco, tiene 5 dioptrías en un ojo y 3,75 en otro. Luego, repuesto de la conmoción, decidió seguir su camino. Había sufrido un golpe importante, un puñetazo tracionero, inesperado, dado con saña que de haberle alcanzado en el ojo podía haberle ocasionado heridas graves. Reducido el agresor, tanto él como su amiga Ana Pastor y su amigo Alberto Núñez Feijo, lo son por encima de otra consideración, fue quien quiso tranquilizar a todos. A los mas cercanos, a sus escoltas, al vecindario-estaba en lo que fue su propia calle pontevedresa-, al gentío que se arremolinaba. No hizo un aspaviento, ni perdió la calma, creyó que su obligación era seguir su ruta y llegado a Coruña utilizó su sorna gallega para referirse a ello. Agradeció las muestras de cariño de sus gentes, que estimó más que nada, y respondió a casi todos los mensajes de sus rivales políticos.

Al día siguiente, ya con gafas de repuesto, con la noticia que seguía hirviendo por papel, ondas y televisiones aportó una imagen cotidiana, haciendo sus ejercicio en la cinta, que le mantiene en forma y fuerte (lo lógico es que con el impacto un hombre de su edad, 60 años hubiera caído al suelo) y entró por teléfono a algunos programas matinales. Dejó a muchos perplejos. Defendió de entrada a las personas de su escolta que algunos ya ponían en solfa, señalando que era no hubo “ningún fallo de seguridad” y que el puñetazo que le propinó el joven fue “imposible evitarlo”, ya que él iba por la calle porque quería, le pedía fotos “muchísima gente y entre ellas puede aparecer una persona como la que apareció”. Pidió además no sacar “conclusiones políticas”, consideró lo sucedido la “excepción a la regla en un país civilizado”, quiso dejar ante todo patente que no iba a permitir que esto cambiara “absolutamente en nada” sus planes y rutinas y se puso a agradecer lo “muy cariñosos” que estuvieron con el sus paisanos, “Eso reconforta mucho, prefiero quedarme con la parte positiva de las cosas”. Como colofón y reflexión aprovechó para hacer pedagogía de los valores de civismo y moderación esenciales y poner en valor que las gente española es “normal, sensata equilibrada y razonable, y cada uno tiene su forma de pensar”. “Que haya dos o tres que hagan cosas que no se deben hacer no nos debe llevar a sacar conclusiones que no son acertadas”.

Y como dijo que seguiría, imperturbable su agenda, eso hizo. Dio su mitin en Barcelona por la mañana y se marchó a Bruselas, para asistir a la cumbre de Jefes de Gobierno de la UE pues considera que asistir a ella es su deber por encima de la campaña. Volverá hoy por la tarde-noche para poder participar en los últimos actos electorales. Punto y seguido. El domingo conocerá la decisión de las urnas.

Mariano Rajoy en estado puro. Habrá a quienes saque de quicio, unos que lo quisieran de una manera y otros de exactamente la contraria. Pero es Rajoy y en los momentos clave sigue siendo ante todo fiel a Mariano, o sea a él mismo. Puede ser acusado de muchas cosas y en muchos casos con contundentes razones. En otras, sin embargo se le han atribuido los más perversos pecados, incluso los cometidos por quienes le acusaban. Pero también, se le vote o se le deje de votar el 20-D, que esa es otra y diferente, habrá que reconocerle alguna cosa buena. Y no me parece mala que este hombre tranquilo aguantara como aguantó, en medio de toda la zozobra y vocerío, que España no fuera embargada. Que eso era, embargo de bienes y de soberanía nacional, lo que significaba pedir el rescate y donde el Presidente, en mucha soledad pero manteniendo sereno el pulso resistió las presiones de tantos. Quizás se acordó del lema de su paisano Cela: “Quien resiste, gana” . Y en aquello ganó Rajoy y ganó España.

Antonio Pérez Henares ( Periodista Digital )

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