Un lacio en la Feria de Sevilla

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Un lacio en la Feria de Sevilla.

Lucirse en la Feria de Sevilla es harto complicado, sobre todo para el forastero. Se trata de una fiesta extraña, plagada de rituales y códigos que desconciertan al no iniciado. Aunque se tenga la planta apolínea de Pedro Sánchez, cuyo atavío inapropiado (¡esa americana oscura!) fue saludado por un paseante con el clasiquísimo malaje hispalense: «Anda, “miarma”, vete a vender pantalones al “Cortinglé”». En la Feria todo es tan de mentira como la pregonada simpatía de los sevillanos. ¿Qué puede haber de verdad en una ciudad de lona en la que el sábado habitan medio millón de personas y el lunes ya no existe? Es el marco ideal para que dos políticos escenifiquen una buena relación. Falsa, naturalmente.

Díaz llegó al encuentro feriante con Sánchez como las cigüeñas vienen de París, con un niño.

Lucas Haurie ( La Razón )

 

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