Una izquierda para un Estado

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Una izquierda para un Estado.

a izquierda francesa no tiene menos prejuicios que la izquierda española, ni es menos intervencionista, ni menos perniciosa para la economía, ni está en general menos equivocada. Pero cuando los graves momentos llegan sabe estar a la altura del Estado al que pertenece. El presidente Hollande ha reaccionado rápido y brillantemente a los terribles atentados que su país ha sufrido, dando caza a los terroristas, atacando a Siria, convocando a la Unión Europea a su más decisivo esfuerzo por sobrevivir desde que nos enfrentamos a Hitler, y pactando con Putin una poderosa alianza global contra el yihadismo.

Mientras, la extrema izquierda española, política y mediática, ha vuelto a dar muestras de su ignorancia, bajeza e incompetencia. Pablo Iglesias, en su pedantería infinita, ha irrumpido con sus absurdas lecciones de pacifismo y geopolítica. Le ha pedido a Hollande que «no ataque a Siria» y ha reclamado «un consejo de paz de todos», tal como Zapatero pretendió el abrazo de las civilizaciones, sin saber –el pobre– que Civilización sólo hay una, ni tener en cuenta que, además, a algunas tribus es peligroso abrazarlas, porque explotan.

El primer teniente de alcalde de Barcelona, Gerardo Pisarello, ha escrito que «el gobierno de Hollande responde a las muestras de solidaridad con más terrorismo desde el aire. Un acto indecente que no servirá de nada». Otro teniente de alcalde de Colau, Jaume Asens, ha comparado los bombardeos de Siria con los de Barcelona en la Guerra Civil.

El mal existe y no podemos evitarlo. Pero sí podemos, cuando nos golpea, comportarnos como ciudadanos libres y responsables, para derrotarlo. Hollande ha podido trabajar desde la tristeza y el dolor, pero también desde la firmeza institucional, con una clase política francesa que ha estado sin vacilar a su lado. Si algún día los atentados los sufre España, el presidente Rajoy lo tendrá increíblemente más complicado, porque para ir a por los asesinos deberá abrirse paso entre una truculenta multitud de majaderos y fantasmas.

Salvador Sostre ( ABC )

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