UNA JUGADA MAESTRA

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UNA JUGADA MAESTRA

Rajoy lo que Rajoy merece. Mucha gente lo critica. Presidir un gobierno expone a eso, y en España, donde es costumbre buscar chivos expiatorios, todavía más. Conviene, sin embargo, discernir entre los posibles errores -los hay, pero no en la gestión del conflicto secesionista– y los aciertos evidentes. Criticar no es sólo censurar. En la crítica también tiene cabida el elogio. A éste voy a acogerme. Iba yo el pasado miércoles por carretera, puse la radio del coche y escuché de pe a pa la sesión vespertina de las Cortes en la que Rajoy pronunció un discurso magistral contra el que nadie en su sano juicio puede esgrimir un solo pero. Magistral fue también su oratoria en las réplicas.

La ironía, el sentido del humor, la suavidad en la forma y la firmeza en el fondo fueron sus armas principales. O lo que es lo mismo: parar, templar y mandar sin cargar, de momento, la suerte. El mundo al revés: Puigdemont, que es catalán, ha perdido el seny y Rajoy, que es gallego (“para cometer desatinos”, decía, bromeando, Cela y en broma lo digo yo, “no hay como los gallegos y los chinos”), lo ha hecho suyo. Los dos llevan una larga temporada enzarzados en una partida de ajedrez que por fin llega a su término.

Casi todas las piezas están ya fuera del tablero. Puigdemont intentó el martes un jaque que salió por la culata. Rajoy contraatacó con una jugada maestra. Esencial era medir los tiempos, manejar las marchas sin recurrir a la de retroceso y no acelerar más de la cuenta. Lo hizo de maravilla. Se le acusa de inmovilismo, pero lo cierto es que los hechos van dándole razón de una estrategia análoga a la que el taoísmo considera propia del arte de hacer política. Arte, digo. El buen político, dice Laotsé, debe intervenir lo menos posible en el ruedo de la cosa pública. Puigdemont está acorralado. Entre él y Rajoy media una línea roja. Quien la cruce primero perderá la partida.

Al catalán le toca mover y sólo dispone de dos movimientos: ratificar la Declaración de Independencia, y en ese caso el presidente de todos los españoles lo destituirá, arropado por un consenso casi unánime, tras aplicar el artículo 155 con el que de momento amaga, o envainársela, lo que provocará la caída de su Gobierno y el mutis de su persona por el foro del ridículo. Jaque mate, Puigdemont. Yo que usted abandonaría antes de que Rajoy se lo dé. Es lo que suelen hacer los buenos jugadores. Ahórrese tan inútil humillación.

Fernando Sánchez Dragó ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor