Usted no sabe con quién está hablando

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Usted no sabe con quién está hablando.

Lo de la magistrada en excedencia  y actual diputada por Podemos Victoria Rosell es vocacional.

Desde pequeñita quiso ser lo que es, y no me refiero a su condición de jueza o de diputada de la formación de Pablo Iglesias. Ella quiso ser siempre la versión femenina de Charles Chaplin en “El Gran dictador”,  y cada día, cuando regresa a las islas o sale de Canarias, lo demuestra.

Esta señora, cuando era togada,  estuvo bajo el foco de sus propios compañeros de judicatura por un caso relacionado con una persona que ella investigaba en el juzgado por graves delitos y que firmó pocos días después un contrato con su pareja, pero ahora que tiene su acta de parlamentaria en el congreso de los Diputados ha descubierto que  el mundo se ha abierto bajo sus pies para estar a sus servicio.

Ahora ha aprendido la frase que decían durante el franquismo los favorecidos por el régimen (“usted no sabe con quién está hablando”)  y la repite cada vez que llega a su pueblo, porque lo de la erótica del poder algunas creen que significa ponerse cachonda cuando ven a un guardia civil que se cuadra y la saluda militarmente.

Esta señora ha sido noticia por pedir que le abran de madrugada la sala de autoridades del aeropuerto de Gran Canaria cuando viaja na Madrid, y hace unos días volvió a protagonizar un incidente al negarse a identificarse en el control de salida del mismo aeropuerto, reclamó nuevamente que le abriesen  la sala VIP y que se personaje alguna autoridad de mayor rango para hablar con ella.

El problema de la ex jueza y actual diputada  no es su ego, ni su falta de información sobre los límites de sus derechos y el ámbito de sus obligaciones, es la estupidez endémica que se apodera de las personas que se creen superiores por el simple hecho de  pillar junto con su acta la condición de inmunes.

“Los tontos con poder” son infinitos, y esa es una condición que se adquiere en ese momento en el que se toma posesión de un cargo importante y solo se reconoce cuando se cesa. Si la ex magistrada leyese ese libro que publiqué en el año 2006, se vería reflejada.

Diego Armario

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