VISTALEGRE 2- ERREJÓN 0

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VISTALEGRE 2- ERREJÓN 0

Pablo Iglesias se vistió de Pablo Iglesias para apiolar al pipiolo. Y sin despeinarse, aunque las greñas se le escaparan después de abrazar a los 52 miembros del Consejo Ciudadano. Tuvo que soltarse el pelo para recogerse la melena. Vistalegre II ha sido un volver a hacerse la cola. Bien apretada. 37 consejeros de Iglesias por 23 de Errejón y dos anticapitalistas. En resumen, Vistalegre 2- Errejón 0. Un partido cesarista dividido. Clara Serra dando cuenta del desenlace junto a Echenique eran la imagen de los dos bandos. Perdedora y ganador. Errejón se dejó abrazar por Pablo Iglesias. Este, antes de subir al escenario, había abrazado a Monedero, como si estuviera en los Oscar y Juan Carlos fuera su novia (Irene Montero ya había subido).

El nuevo y viejo secretario general volvió a usar en su discurso la repetición. La culpa es de Teresa Rodríguez. El sábado enarboló la humildad (la palabra) y dio a Pablo Iglesias el pie. Empezó todas las frases de su letanía con “Unidad y humildad”. Le faltó vanidad para hacer un trío, como en la Revolución francesa (o en Foxá, que del falangista patria, pan y justicia pasó a café, copa y puro).

Por lo demás, lo mismo. Gritos de unidad y de sí se puede. Aplausos a Cañamero, con camiseta de “Cero privilegios” (¡un diputado!), y a Monedero, que dio media vuelta al ruedo para agradecerlos con la palma extendida (ni puño ni victoria). Hubo discursos sobre sostenibilidad en los que se decía migrantes (y se recordó a una compañera que no podía estar allí “porque tenía que conciliar”: el tipo parecía Miliki cuando cantaba lo de “una niña fue jugar pero no pudo jugar porque tenía que planchar”). Se siguió citando a Ada Colau, que parece la Churchill de la que tira Podemos. Y Luis Miguel Domínguez, de Podemos Rural, predicó: “Si os llaman podemitas, decid que sois terrícolas”.

Iglesias empezó recordando a Federica Monstseny , Clara Campoamor y a la última mujer asesinada. Luego siguió con la letanía, nombró a “los partidos de la Restauración” y al “fascismo que llega a Europa” (si lo hemos inventado). Y llegó ‘L’estaca’. La gente se balanceaba y alguien movía la silla de Echenique. Iglesias cantaba junto a Mayoral y Montero, lejos de Errejón, que se sentiría Christopher Lee con la estaca en el corazón. Pocas cosas parecen tan viejas como cantar por Lluis Llach en los congresos de Podemos o la Internacional en la fiesta del PCE. Daba la impresión de que hubiéramos llegado a los 70 por una puerta del Ministerio del tiempo. Casi me saco la máquina de escribir y el paquete de Ducados.

Rosa Belmonte ( Abc )

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