VOLQUETE DE PUTAS

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VOLQUETE DE PUTAS

Francisco Granados  al que conocí y con el que compartí varias veces mesa y mantel – ¡ nada más!-   siempre me pareció bastante hortera porque era excesivo en la gomina de su pelo, las pulseras de sus muñecas y  el tono cheli de sus desahogos.

Algunos recordarán que se paseaba por las tertulias de sus televisiones amigas lanzando dardos contra los corruptos, hasta que le trincaron con el carrito del helado y consiguió una habitación gratis en la cárcel de Estremeras, que desde hace tiempo es el lugar de residencia de los delincuentes políticos.

Hoy está muy desmejorado y desaliñado. Se ha dejado una barba que no le hace justicia y anda como alma que lleva el diablo, penando por anticipado sus excesos.

Ayer fue a ver al juez que le tiene empurado para decirle que los golfos del PP son otros y no él, y de paso aprovecho para sugerir que Cristina Cifuentes e Ignacio González, además de corruptos eran amantes.

Tener un amante no es algo merecedor de la crítica de nadie, salvo de los que tienen la mente más sucia que su ropa interior, y es llamativo que use ese argumento alguien que, según declaro a Pepa Bueno en la cadena SER, era de los que hacían algunas celebraciones “con un volquete de putas”.

Cristina Cifuentes siempre me pareció una mujer distinta a lo que se estila en el zoológico de la política del PP  y, si me apuran, también en otros parques temáticos de esa privilegiada profesión en la que casi todo está permitido y nadie  le echa en cara al rival ningún feo que tenga que ver con su vida privada.

El hecho de que fuera motera hasta que un accidente estuvo a punto de mandarla a cualquiera de los barrios de Madrid en los que hay un tanatorio,  para mí era un signo de distinción en su carácter que la llevaba a mezclarse con la gente de incognito por lugares en los que cualquier colega de su partido se lo habría pensado dos veces antes de entrar en zona hostil.

Tal vez lo hacía  convencida de que allí estaba más segura que cerca de algunos de sus conmilitones, y  tenía razón porque no hay elemento más peligroso que un político cabreado con un compañero de partido.

Como exigen las reglas de compromiso del sector al que me refiero “entre bomberos nadie se pida la manguera” porque los privilegios son compartidos, los silencios privados respetados, y   las ventajas disfrutadas sin que nadie le haga ascos al botín que se  guarda, para el beneficio común, en los usos y costumbres de todas y cada una de las cámaras legislativas de este país.

Cifuentes ha anunciado una querella civil y penal contra Granados no tanto por esa indecoroso acusación e intromisión en su vida privada, como por el hecho de que la haya acusado de corrupta sin aportar ninguna prueba, porque el honor,  como decía el alcalde de Zalamea es patrimonio del alma, y el alma, según Calderón , no es de los hombres sino  de Dios.

Diego Armario

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