Y AHORA QUÉ, MARÍA

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Y AHORA QUÉ, MARÍA

María Seguí estuvo al frente de la Dirección General de Tráfico hasta que alguien ofendido por un favor que no le hizo le interpuso una falsa denuncia, acusándola de haber beneficiado a su marido mediante unas subvenciones. Seguí, licenciada en medicina y doctorada en prevención de accidentes por la Universidad de Harvard, vio como la prensa populista procedía a su linchamiento sin la menor comprobación de una acusación que bastaba con tomarse la molestia de leerla para ver que apestaba a venganza trapera. Nadie movió un dedo por defenderla.

Por dignidad y asqueada por lo que llegaron a decirle, dimitió el 22 de julio. A finales de febrero, la Oficina de Conflictos de Intereses cerró la investigación concluyendo que no hubo incumplimiento alguno y el ministerio de Hacienda y Función Pública resolvió de modo definitivo que no hubo infracción en la adjudicación de la subvención para los proyectos de investigación.

María Seguí lleva 25 años dedicándose profesionalmente a la erradicación de los accidentes de tráfico en todo el mundo. Cuando volvió a España desde Estados Unidos para trabajar para todos renunció al 75% de su salario. Ha sido de largo la directora más preparada que ha tenido la DGT. La Federación Internacional del Automóvil no tardó ni dos meses en contratarla cuando se enteró de que se había quedado sin trabajo.

Sin el menor respeto a la presunción de inocencia, el populismo purista no sólo masacró a una inocente sino que le robó al Estado una de sus más brillantes servidoras y además en un asunto tan sensible como el de no matarnos en la carretera. Pero en este país nuestro de tanto gallo justiciero nadie se ha disculpado y los medios que se apresuraron a mancillar su honor no se han tomado la molestia ni de mínimamente restablecerlo: la inmensa mayoría no han publicado ni una sola palabra. En nombre de la transparencia y de la lucha contra la corrupción, nos hemos quedado sin una señora que da diez mil vueltas a todos los que osaron despreciarla, diez mil vueltas en inteligencia, en honradez intelectual y técnica, y por las vidas que ha salvado. En cambio, los mediocres que la difamaron continúan sin rubor en sus puestos de trabajo. También Juan José Alba, el sinvergüenza que interpuso la denuncia falsa.

Sólo los muertos de hambre querrán dedicarse a la política si éste el navajero nivel de nuestro debate público. La corrupción es una lacra pero los linchamientos son un cáncer. Es de tribu caníbal que con semejante desfachatez se pueda destruir una vida.

Salvador Sostres ( ABC )

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