Y UN BLEDO

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Y UN BLEDO

El amaranto, más conocido como bledo, es una pequeña planta rastrera de origen precolombino cultivada en algunos países, especialmente latinoamericanos, que algunas familias han convertido en su medio de sustento. Sin duda, para muchos guatemaltecos y mejicanos el valor del bledo, que da cuatro cosechas al año y representa su forma de vida y manutención, es muy grande y representa algo importante en sus vidas.

Sin embargo, pocas veces se utiliza el bledo en ese sentido, más bien se usa en la otra acepción que tiene en castellano, es decir, una “cosa insignificante, de poco o ningún valor”. Por tanto, en nuestro lenguaje habitual su significado se sitúa en las antípodas del que tiene para sus cultivadores americanos.

Desde ese punto de vista, ambas acepciones del término están enfrentadas, pero siempre hay quien es capaz de conseguir la síntesis, que en este caso se traduce en “vivir a costa de algo a lo que se le otorga cero o escaso valor”.

Este asunto no tendría la menor trascendencia si no fuera porque, en ocasiones, se trata de cosas que no pertenecen solo a un individuo, sino que son del ámbito colectivo. Entonces, la utilización con pocos escrúpulos de lo que es de muchos para satisfacer un interés puramente personal y sin atender a las consecuencias se sitúa en el terreno de lo poco ético.

En alguna medida, esto es lo que le está sucediendo al Partido Socialista. Que al PSOE le vaya bien no es una cuestión solo de interés para sus afiliados, ni tan siquiera para sus dirigentes, es algo que afecta a todo el país, porque solo con un partido socialdemócrata fuerte es posible la reconstrucción del modelo social desde la izquierda política.

Los demás experimentos, como Podemos, están demasiado enzarzados en sus peleas internas, tanto que ya no disimulan ni en el hemiciclo, a riesgo de acabar cualquier día en el juzgado de primera instancia con parte de lesiones incluido, como para aportar nada al futuro de España.

Pero también hay nubarrones en el Partido Socialista. El azuzar frentismos internos, el “conmigo o contra mí” que practica el Sr. Sánchez, o el “todo contra ella” al que hace llamamiento su actual oponente oficial, solo sirven para dañar al centenario partido en el centro de su línea de flotación.

Romper aún más el PSOE, dando igual en cuántos trocitos, es demasiado precio para satisfacer las ambiciones de una persona. Por otro lado, hay que clarificar que en el PSOE tampoco hay ningún Bruto, este mató a Cesar para defender la república, sin embargo, el nuestro no aspira a eso, sino a hacerse también emperador.

La organización debería parar y echar un vistazo atrás, a esas generaciones de hombres y mujeres que entregaron su vida y su libertad por algo que consideraban muy valioso: las ideas que encarnan el Partido Socialista. A ellos no les importó nunca un bledo el PSOE y les hubiese dolido que a un dirigente sí.

No obstante, incluso los que ven a la organización como un mero instrumento, deberían ser un poco más inteligentes.

Me viene al recuerdo cuando era un pequeño escolar y solíamos jugar en el patio del recreo, mientras nos comíamos el bocadillo que nos habían preparado en casa, que había un niño que siempre llevaba un brik de leche. Era lo que más le gustaba en el mundo, eso solía decir, hasta el punto de que aseguraba que cuando fuese mayor “compraría una vaca viva y, después, la mataría para sacarle toda la leche”. Eso parece que intentan los del bledo.

Tomás Gómez ( La Razón )

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