POLITIZAR LA JUSTICIA

Hay que agradecer a Pedro Sánchez que haya mostrado sus cartas al nombrar fiscal (¿O fiscala?) General del Estado a Dolores Delgado. Pero dado que venía siendo ministra de Justicia, no se trata de «desjudicializar la política» como vienen pidiendo los independentistas, sino de todo lo contrario: de politizar la Justicia.

Una jugada típica de alguien como él que siente alergia a la verdad y corroboró el nuevo ministro, el juez Juan Carlos Campos, al pedir en su toma de posesión apoyo para «un nuevo modelo de Justicia», al hallarla desfasada. Sospecho, como tantos, que se trata de retroceder al modelo anterior a Montesquieu (los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, independientes e iguales), que Sánchez enterró al apropiarse de la Fiscalía General del Estado en la famosa entrevista.

Apostaría que Delgado seguirá mandando más que Campos, al ser su labor crucial para el presidente: defender su flanco más débil: el del secesionismo catalán, de donde puede llegarle la muerte súbita si no cumple lo prometido.

Ayer recibió el último aviso: Puigdemont «espera» que los eurodiputados del PSOE voten contra la demanda de nuestro Tribunal Supremo al Parlamento Europeo de anular su inmunidad y entregarlo a la Justicia española. Esto se ha puesto más al rojo que el último Madrid-Atlético.

Si hay alguien que puede ayudarle en esa tarea es Dolores Delgado que no tuvo inconveniente en presionar a la Abogacía del Estado para rebajar de rebelión a sedición la pena impuesta por el Supremo a los condenados por el referéndum ilegal y la aún más ilegal declaración unilateral de independencia. Aparte de otras faenas por el estilo que le valieron tres reprobaciones del Congreso, con el voto de Iglesias.

A mayor abundamiento, no cumple con las condiciones del Estatuto Fiscal, que impide a sus miembros pertenecer a partidos políticos y realizar actividades relacionadas con ellos. Delgado fue en las listas del PSOE y como ministra sus insultos en Twitter contra Rajoy fueron tremendamente agresivos: «patético, triste, indignante”. Lo que la hacen la fiscal general perfecta para un Sánchez en situación límite.

Hay quien lo atribuye a su capacidad de resistencia, Veo más bien desesperación. Como cuando se vio arrinconado por su propio partido, se la ha jugado al todo o nada. Entonces intentó montar una votación tras una cortina. Ahora lanza una serie de medidas económicas populistas -subida de las pensiones, del salario mínimo, del sueldo de los funcionarios etc.- que endulcen el ambiente.

¿Cómo va a pagarlo si el déficit no hace más que subir? Pues pidiendo a Bruselas permiso para elevar el techo de deuda. Mientras a los secesionistas les ofrece algo aún más sabroso: una Fiscalía General que excarcele a los condenados por el procés. Mientras la pide en voz alta «independencia en el ejercicio de sus funciones». No sabíamos que Pedro Sánchez tuviera ese sentido del humor.

Para resumir: si económicamente nos lleva a la bancarrota, políticamente acaba con el equilibrio de poderes, piedra angular de la democracia. Y para esto hicimos la Transición.

José María Carrascal ( ABC )