POMPA Y SUPERFICIALIDAD

Podemos pretende poner a España en modo Prestige. Ha organizado tres movilizaciones en apenas 10 días y entiende que se dan las circunstancias propicias para devolver al país a 2002. España recupera poco a poco pulso económico y el sistema protege su flanco aparentemente más débil. Sin clases medias no hay democracia. Las clases medias resistieron gracias a la familia -comenzando por los pensionistas-, el Estado y la Iglesia.

Lo milenaristas premodernos, momificados en el siglo XVII, y los cavadores -secta de la Revolución Inglesa- creyeron llegado su momento y el de la redención de la Humanidad tras la miseria provocada por las malas cosechas. El Parlamento ocultaba el sol de la libertad. Si no estaba en manos de la gente más humilde, carecía de sentido.

La triple alianza forjada en 2002 –sindicatos, escuela y artisteo– para reivindicar causas nobles con trasfondo y objetivos algo más mundanos, se reedita ahora bajo una fórmula similar: sindicatos -renacidos tras la crisis- escuela y televisión. Lo dijo Iglesias a quien quiso escuchar: había que volver a agitar la calle mientras se contribuía al bloqueo político. Forma parte de su estrategia mostrar la inutilidad y descrédito del Parlamento. Para ello cuenta con el despiste y aturdimiento de colaboradores biempensantes e involuntarios.

Entre tanto Rajoy persevera: presupuestos, presupuestos, presupuestos. Si los hay, prueba superada. Rajoy expuso sus datos en el Parlamento. La portavoz socialista, Margarita Robles, no quería saber de ellos. Luego pompa y superficialidad. Al día siguiente, otra vez, entre consignas y griterío, los que no controlan su vanidademulaban al extravagante sectario y demagogo Coope, que quería ser escuchado hasta que los “oídos zumbasen” a todos. Aquellos buscadores sabían que la provocación extrema les protegía del arresto, se escudaban en ella. A ellos les traía al pairo su propio descrédito, perseguían el descrédito de la institución.

En el fondo, muchos radicales de la Revolución Inglesa eran unos hedonistas que se dedicaron a despellejarse entre sí cuando liquidaron a Carlos I. Los seguidores de la Quinta Monarquía trajeron el desorden, la tiranía y sobre todo, la mediocridad a Inglaterra. Diez años de decadencia estética, política y moral hasta que un complot del parlamentarismo elevado restauró la Corona en la figura de Carlos II. Desde entonces en Inglaterra son conscientes de la importancia que tiene proteger la institución: forma, liturgia y sustancia. Ese y no otro es nuestro paraíso perdido.

Javier Redondo ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor