PONER EN JAQUE AL REY, ES INTOLERABLE

Dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada. Con esta contundencia tranquilizó la ministra de Defensa, Margarita Robles, a los ciudadanos que observan con preocupación la política de gestos apaciguadores con la Generalitat de Quim Torra que está desplegando el Gobierno de Sánchez. Esperamos que el peso de Robles en el Ejecutivo se haga notar, en consecuencia con sus palabras. Una primera prueba de credibilidad la tendrá este viernes, cuando Felipe VI acuda a Tarragona para inaugurar los Juegos del Mediterráneo.

El deber de un Gobierno comprometido con la Constitución, según ha proclamado la ministra de Defensa, es asegurar que la visita real no se convierte en otra ocasión bochornosa para el escrache independentista, lo que supondría la segunda humillación al Rey tras la infame encerrona del verano pasado en la manifestación de repulsa a los atentados de Barcelona y Cambrils.

Ya se ha anunciado el boicot separatista para la entrega de los premios Princesa de Gerona. Ceremonia que, a falta del apropiado emplazamiento público, deberá celebrarse en un local privado regentado por los hermanos Roca, quienes han recibido amenazas de corte mafioso, con la alcaldesa gerundense a la cabeza. Se declara a Felipe VI «persona non grata» en su propia casa.

Que el jefe de un Estado democrático, cuyo único pecado es haber defendido sin ambigüedades la Constitución de la que emana la legitimidad que él mismo representa como símbolo de la unidad y permanencia de la nación, no pueda poner el pie en una parte del propio territorio es un escándalo que revela la brutal anomalía en que se han instalado los actuales representantes y gestores del Estado en Cataluña. Pero el separatismo es, entre otras cosas, una estrategia pasivo-agresiva que siempre alterna el matonismo con el victimismo.

Por eso, antes del escrache que ya le están preparando a Felipe VI a modo de recibimiento, el president Torra se ha procurado una coartada en forma de carta firmada con Mas y Puigdemont -el triunvirato de la agresión constitucional-, en la cual pide una reunión con el Monarca al tiempo que insiste en el ficticio mandato del 1-O para la independencia y le afea su discurso del 3 de octubre. El mismo discurso que activó los mecanismos de defensa de un Estado noqueado por el golpe separatista.

Con pobre sintaxis y tramposa semántica, Torra reprocha al Rey que haya dejado de serlo de todos los catalanes -como si lo hubiera sido de los separatistas alguna vez- y le pregunta: «¿No debería situarse por encima de unos intereses particulares e intentar ser una voz de conciliación y defensa del diálogo?». Lo que equivale a preguntarle: «¿No va a renunciar a su función y deber constitucional para dar satisfacción al propósito segregador de una parte de Cataluña?». En la voluntad de evitar una ominosa escena al Rey se probará el constitucionalismo de este Gabinete.

El Mundo