POR FIARSE DE LAS ENCUESTAS

Ya está Pedro Sánchez donde deseaba. Lo malo es que no es lo que quería. Quería nuevas elecciones en las que ganaría escaños. Quería hundir a Iglesias. Quería pactar con Rivera. Quería seguir gobernando en solitario con ayuda de unos y otros. Gratis. Por la cara.

Pero resulta que el aumento de escaños no es seguro. Puede incluso perderlos. Que Iglesias le odia. Que Rivera le pide condiciones que le pondrían una soga al cuello. Él deseaba un «pacto a la portuguesa», gobernar desde la izquierda con un programa de derechas, pero España no es Portugal ni los españoles portugueses. Lo que ha sacado jugando con dos barajas es que, en vez de tener a todos comiendo en su mano, tenerlos enfrente.

Y aunque intenta echarles la culpa de que haya nuevas elecciones, ya no engaña a nadie. Es verdad que todos son culpables, pero él más que nadie, por tener más poder y responsabilidad. Como no tiene ideas propias, se ha dejado aconsejar por un experto en encuestas, que es tanto como hacerlo de una echadora de cartas. Y así le ha ido.

Lo que no impide que insista en su plan -tozudez no le falta- aunque dando un rodeo. Ahora busca el centro, con los votos que perderá Rivera con sus saltos mortales. No sé si romperá el pacto de gobierno en Navarra, pero seguro que se distancia de los nacionalistas, ya lo está haciendo negando el indulto a los líderes del procés y aludiendo al 155 sin nombrarlo.

Lo que le deja sin el apoyo de los últimos que le ayudaron a llegar a La Moncloa por la puerta trasera. Es la única buena noticia del formidable embrollo que ha montado. Bueno, ésta y que seguimos con el presupuesto de Rajoy que permite a la economía mantenerse por piloto automático, en vez de las directrices de la izquierda.

Porque Pedro Sánchez no es de izquierdas ni de derechas ni de centro. Es sanchista. Pero la mercancía que ahora intenta vender -seriedad, moderación, centrismo- está averiada.

Para resumir: de Rivera, que también es sólo riverista, ya he hablado, como de los nacionalistas, que se las prometían tan felices con otro Zapatero al frente del gobierno, al que sacarle cuanto quisieran. Para encontrarse con que su capacidad de chantaje se ha evaporado.

Vox puede perder algunos escaños, pero manteniendo su núcleo, y el PP incluso ganarlos, al haberse quedado al margen del lío, pero está demasiado lejos del vuelco. Y el resto de los minipartidos, que esperaban vender sus pocos votos a peso de oro, no hacen más que lloriquear y ver la forma de congraciarse con el vencedor.

¿Quién será? No lo sé. Lo que sentirán los españoles el 10-N nadie lo sabe. Lo que sí sé es que ya no se vota a favor de alguien, sino contra alguien y los españoles están contra todos.

Podría decir, entonces, que ganará la abstención. Pero tampoco sé si en la izquierda, la derecha o en ambas, a tal punto nos han llevado los chicos que iba a arreglar España y asaltar el cielo.

José María Carrascal ( aBC )