En Inglaterra Boris Johnson está jodido porque un número creciente de diputados de su propio partido le está pidiendo que dimita por el llamado partygate que organizó en plena pandemia, en el número 10 de Downing Street.

Estos británicos son muy raros y aquí no les entendemos, porque nuestro primer ministro podría perfectamente organizar el quilombo que le diera la gana y ni uno solo de los que le rinden pleitesia en su grupo parlamentario se atrevería a reprochárselo, y además sería inútil porque el Presidente del gobierno declara secreto oficial todo lo que hace, y así la ley de transparencia no existe de facto.

Por eso y por muchas cosas más, me encanta el espíritu del pueblo británico, orgulloso de su historia y tradiciones, capaz de nombrar señores a su piratas o de tirar por la borda a sus primeros ministros, si se atreven a poner el riesgo la dignidad del gobierno de Su Graciosa Majestad.

En España salvo los tránfugas que dejan su credibilidad en el trayecto de un partido a otro, es muy infrecuente que un diputado vote en conciencia o en contra de su partido porque, dependiendo el asunto del que se trate, le expulsan, lo acosan y le hacen el vacío.

En cambio aquí no se acepta ninguna critica y convierten en enemigo a cualquier ciudadano, periodista o político que se atreva a llevarles la contraria y así la democracia se debilita porque se elimina del debate, se sataniza la crítica, se anula a la oposición y solo se acepta el aplauso incodicional de los masoquistas que soportan lo que le echen o exijan .

La nueva corrupción está en el “todo vale”, en el caso omiso a lo que dictan los Tribunales, en la utilización partidista de las instituciones, en las trampas que hacen los órganos de gobierno nacionales o autonómicos, o en el desprecio a los valores constitucionales vigentes que están sirviendo de moneda de cambio para llegar a acuerdos coyunturales con partidos golpistas que han declarado que su objetivo es romper la Constitución.

Estos silencios y complicidades no tiene que ver con los colores políticos sino con el respeto a la democracia, porque el PNV en Euskadi, los nacionalistas en Cataluña, Armengol en Baleares, y politicos del PP por algún otro sitio, derrapan hacia el despotismo no ilustrado, con tanto desahogo como el líder de pantalón de pitillo más guapo de España.

Diego Armario