Hay prisa por vacunar a nuestros niños. ¡Demasiada! Si uno fuese un padre confiado, en un país donde los políticos son de confianza, donde los medios de comunicación son imparciales, donde los profesionales, son eso… profesionales. Pero… Más bien no es así.

Las cifras de Vacunación no son tan maravillosas como nos cuentan. De hecho habría que cambiar el nombre de los telediarios de las televisiones subvencionadas por «televacunas». Concretamente y en los últimos quince días, el tiempo dedicado al Covid y a las «tan necesarias» vacunas, es aproximadamente el 75% del total de cualquier telediario que se precie, en especial Antena 3, está que se sale en este tema.

Yo no quiero ser mal pensado, pero tanta insistencia me preocupa. Debiera preocupar por el interés, pero preocupa más por datos que nos arrojan los últimos meses y para empezar: viaje a Estados Unidos de nuestro guapísimo presidente, que entre otros se entrevista con quien pueda estar interesado en estos temas. No obstante, desgranamos poco a poco esta historia.

No obstante, lo de las vacunas no está solo en los citados espacios televisivos. El segundo tema, que también apoya la «CAMPAÑA DEL MIEDO» hacia los televidentes y españoles en general, es eso «EL MIEDO», por lo que hay que meter presión, mucha presión.

El resto de los programas tipo telediario y los que les anteceden o se emiten a posteriori, así como los programas dedicados a la actualidad, que también mantienen el ratio que decimos se centran en: Los Incendios, que si hacemos caso a los noticieros, han reducido a cenizas a todos esos países que no están por aplaudir lo del «Cambio Climático» como Turquía.

Después va lo de «el genero». Si una mujer mata a un hombre, ni se pronuncia, ahora si presumiblemente un hombre mata a una mujer , nos lo repiten hasta la saciedad. Si un español viola a una mujer, nos pondrán hasta su foto, ahora bien, si es un extranjero, especialmente si es de determinada religión, que no es la católica, no lo dirán, salvo que no les quede más remedio. Eso sí no dirán nada de su nacionalidad, ni de su religión.

Pero dejando atrás el tema «MIEDO», volvamos a las vacunas para nuestros pequeños. Se aproxima el curso para nuestros hijos y los poderes fácticos y fanáticos, el gobierno, la ONU, la OMS, y sobretodo las farmacéuticas, siguen emperrados en vacunar a todo el mundo, a todas las personas; sin distinción de edad o sexo, y no digo mas cosas porque hay me equivocaría.

Existe un plan selectivo de Vacunación internacional, que curiosamente no se efectúa con vacunas. Pues, si primero miramos lo que la RAE (Real Academia Española de la Lengua) define como vacuna. El producto que se supone que inyectan a la gente no reúne ni una sola de las características que la RAE en su definición aplica.

Tampoco desde el punto de vista de lo establecido por los grandes médicos e investigadores del siglo XX, se ajusta el producto transgénico que nos quieren endosar a lo que ellos en su momento definieron como tales vacunas.

Y estamos hablando de personajes como Don Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de 1906, que comenzó su trabajo investigador en ese campo de la medicina o el Francés Luc Montagnier, Premio Nobel de Medicina de 2008, precisamente por un estudio relacionado con el Virus del SIDA.

Yo personalmente he sido alumno de D. Gonzalo Piédrola Gil, que si bien no alcanzó el Nobel, si fue a nivel nacional, «responsable máximo» de la Sanidad Pública Española y miembro del Instituto Pasteur, primer exponente mundial del tema vacunas.

Mi opinión no es importante, pero la definición de vacuna de los anteriores y máximos exponentes de ese campo, choca frontalmente con el experimento transgénico y sobre todo con su frente abierto a través de las multinacionales farmacéuticas. Desde el primer momento estas empresas no aceptan ningún tipo de responsabilidad en su invento.

Luego admiten directamente que su producto no evita ni que nos contagien, ni que contagiemos. Finalmente, y una vez estudiada la información dada por ellos mismos, no se entiende que beneficio se desprende de su uso. También que los habituales protocolos de investigación y desarrollo, así como de prueba de un medicamento o vacuna no se han realizado y se ha hecho este producto como buenamente les ha venido en gana.

Este no tendría más importancia, sino fuera porque los políticos del mundo, curiosamente financiados por fundaciones relacionadas con los grandes magnates, que a su vez son los propietarios directa o indirectamente de las farmacéuticas, estuviesen empeñados en que todas las personas del «primer mundo» se aplique el producto. Inicialmente una dosis, luego otra, una tercera y presumimos que así hasta el infinito.

Mientras, las cifras de infectados y muertos, no solo no decrecen, sino que aumentan. También es curioso, que si comparamos la declaración actual de Pandemia de la ONU, no reúne las características que hasta hace poco tenía. ¿Por que?, básicamente les pongo un ejemplo:

-Alrededor del año 1918, no hay cifras fiables, pues solo lo podrían ser las de Europa y Norteamérica, la población Mundial sería de unos 1.500 millones de habitantes. Unos 400 millones en Europa. En ese año hubo una Pandemia de Gripe con 18.000.000 de muertos, pero tan solo en aquellos países que se podía verificar la población real y su resultado, estamos hablando de Europa y Norteamérica, es decir unos 500 millones, el resto del Mundo, las cifras no son comprobables.

Actualmente sobre cifras comprobables casi al 95% de todo el mundo y una población estimada en 7.800 millones ha habido de momento en aproximadamente el mismo espacio de tiempo 4.000.000 millones de fallecimientos.

A ustedes ¿no les suenan raras estas cifras?

A mí muchísimo. Existe pues un interés desmedido en «vacunar» a la población, pero curiosamente es la población diana la de los Países Occidentales, la Asia y Oceanía ricas y Norteamérica, en segundo lugar la de los países en desarrollo como India, Sudeste Asiático y cono sur de América, mientras apenas hay interés en África y países poco desarrollados.

¿Quizás la comercialización y distribución?. Sabemos que el coste de producción del genérico es muy inferior a un euro, pero se llegan a pagar hasta más de treinta por una dosis. ¿Quizás la repetición indefinida de la «revacunación», pues se adelanta que quizás se convierta en un producto que haya que utilizar anualmente. Sea lo que sea, no nos huele bien.

Para rematar, se ha pasado de las generaciones de más edad, a querer inyectar a los niños, cuando no hace tanto se decía que ellos no corrían ningún riesgo con la enfermedad supuestamente pandémica. Lo cual nos suena a crear unos drogodependientes desde la más tierna infancia y sobre todo candidatos a unos efectos adversos del producto, que hoy por hoy no conocemos.

También en otras esferas, concretamente los Tribunales Superiores de Justicia, les estan tumbando la obligatoriedad de las vacunas. Recientemente en Galicia. Una curiosa imposicion de un gobierno teóricamente más democrático que el social-comunista.

Pero, les puedo decir que muy recientemente tuve una conversación en un chat con una mujer del Partido Popular que se extrañaba de mis pocas ganas de vacunar, cuando la postura de su partido era otra, concretamente me decía:…///… Me he perdido cuando leo lo que publicas…///… y lo que publicaba estaba en la línea de lo que en este artículo cuento, que entiendo sería la postura del PP, antes de la llegada de Casado y su mariachi..

De todas formas, lo que más me preocupa es la inacción de los que debieran estar en la calle luchando por evitar que pongan un producto: transgénico, de derivadas imprevisibles, que no sabemos qué va a hacer a la salud y a la persona en algún tiempo, del que los laboratorios no se responsabilizan y que los políticos nos quieren poner a macha martillo. ¿Donde está la Sociedad Civil de España?, porque la de otros países si está dando la cara.

Y en este momento aparece una Asociación que lucha contra esa imposición ilegal de: os vacunáis si, o sí, que es Padres por la verdad, que va a luchar contra esta imposición y para ello, convocan unas marchas y manifestaciones para el próximo día 14 de agosto a las 20.00.

José Antonio Ruiz de la Hermosa ( El Correo de España )