POR UN ACUERDO DE UNIDAD CONSTITUCIONAL

Si Sánchez se obstina en complacer al separatismo a cambio de su investidura, la degradación institucional será irreversible. Es el momento del diálogo con los leales a la Constitución

Ahora bien, en el plano político las consecuencias de esta sentencia complican mucho la investidura de Sánchez. Él mismo es el culpable de que se aleje la posibilidad de ser investido, pues optó por ponerse en manos de un partido enemigo de la racionalidad jurídica y la separación de poderes como ERC, que ha anunciado la ruptura de las negociaciones con el PSOE hasta que la Abogacía del Estado se pronuncie a favor de la liberación de Junqueras. Es decir, está exigiendo que el Gobierno en funciones traicione al Estado.

Ante semejante órdago, Carmen Calvo ha adoptado una vez más la técnica del avestruz, relativizando la humillante reclamación de sus socios separatistas. No quiere entender el PSOE que aunque Sánchez fuera investido, la legislatura nacería muerta, condenada a la inestabilidad, sometida al albur perpetuo de la pugna entre Puigdemont y ERC que, tras la inhabilitación de Torra, más pronto que tarde se dirimirá en las urnas.

A menudo las situaciones críticas esconden una oportunidad para el genuino liderazgo. En este sentido, el PP de Pablo Casado goza de una ocasión histórica para demostrar su compromiso innegable con la pervivencia de la democracia del 78, hoy amenazada por la nueva acometida de un separatismo envalentonado. Casado puede ahora tomar la iniciativa en aras del interés general.

Es el momento de la alta política. El momento de sacar a España del callejón sin salida en que el plan de Sánchez la ha metido. Es hora de que Sánchez enderece el rumbo, aunque lo haga forzada por la necesidad y no por la virtud.

Si queda un rastro de responsabilidad en el candidato propuesto por el Rey y se aviene a rectificar, debe encontrar la mano tendida de la oposición para armar el gran acuerdo de unidad constitucionalista que la inmensa mayoría de los españoles está pidiendo a gritos.

El Mundo