POR UNA TREGUA

Claro que nos acordamos. Entre agosto y octubre de 2014 murieron en España dos misioneros que se habían contagiado de ébola en África. Atendiendo a uno de ellos resultó infectada una enfermera, que superó la enfermedad. Sánchez magnificó y manipuló aquel episodio médico. Lo utilizó con demagogia para hacer oposición con enorme crudeza. Ahora pide apoyo y concordia.

Claro que nos acordamos. El mantra del nuevo Gobierno para su plan de ingeniería educativa era que los niños «no son de los padres», sino del Estado. Ahora se han cerrado los colegios en Madrid, Vitoria y La Rioja y los niños vuelven a ser de los padres. Las familias tienen que buscarse la vida y la Administración silba.

Claro que nos acordamos. Desfile ministerial en la Manifestación del 8-M del domingo en Madrid, con el Gobierno convertido en promotor de la gran congregación. Todo ello solo 48 horas antes de que ese mismo Gobierno estableciese el fútbol a puerta cerrada y que los musicales madrileños deberán parar, o de que cerrasen los colegios y universidades. ¿Explicación del Gobierno? La situación médica «cambió en la noche del domingo». ¡Oh casualidad!, el virus se desperezó nada más concluir la manifestación de Carmen Calvo e Irene Montero!

Claro que nos acordamos. El Gobierno ha estado de brazos cruzados ante una galerna económica que era obvia. La bolsa comenzó a bajar el 22 de febrero y ha caído desde 9.886 puntos a 7.700. Las empresas llevan semanas percibiendo que la demanda afloja. Sufren problemas de suministros. El turismo suda. China, fábrica del mundo, ha parado, con el consiguiente efecto en cadena. La Fed ha bajado tipos rauda. Alemania ha aplicado un chute de liquidez… Pero Sánchez e Iglesias estaban ocupados tramando subidas de impuestos y una ley anti-desahucios que cuestiona los derechos de los propietarios. Solo ahora despierta el Gobierno.

Claro que nos acordamos. España era una «nación de naciones», cuyo futuro se decide en una mesa de saldo con los separatistas. Pero ahora Sánchez nos dice que se necesita «una respuesta de país» y que «todos debemos estar unidos».

Pues bien, a pesar de todo, convendría una tregua. Se debería evitar convertir el coronavirus en munición de las trifulcas partidistas. Ya sobra alarmismo en las redes, y en los maratones televisivos, como para añadir el ruido de la gresca política (véanse los desbarres de ayer de Vox, o al PP columpiándose al preguntar formalmente por los guantes de las ministras en el 8-M, cuando existen fotos que desmienten ese rumor; o al periódico pro PSOE culpando del brote de Madrid a «los recortes» de la derecha).

España necesita espíritu constructivo y respeto a los técnicos. Ya lo sé, Sánchez resulta un político difícil de digerir. Pero un mal no justifica otro mal y no se puede repetir la demagogia en que él incurrió ante el ébola. El deber de los políticos, y el de los medios, es aportar sosiego para que el país no pare.

La OMS todavía no ha declarado la pandemia global. Pero la economía, acogotada por la crisis de nervios, ya ha sufrido un estacazo que se va a llamar muy pronto paro a chorros.

Luis Ventoso ( ABC )