POR VOLUNTAD PROPIA

La genuflexión que el PSOE realizó la semana pasada ante Bildu es la prueba objetiva de que el Gobierno prefiere asociarse con partidos radicales antes que con constitucionalistas. Tanto se han distanciado los socialistas del bloque de la derecha, que cayeron en el error de creer que debían arrastrarse ante Arnaldo Otegui para convalidar los seis decretos de Pedro Sánchez en el Congreso.

Sin embargo, con una simple llamada a Ciudadanos se hubieran enterado de que esta formación sopesaba apoyar tres textos y abstenerse en otros dos. Una posición que hacía innecesaria cualquier plegaria a Bildu y PNV para cinco de los seis decretos. Un segundo contacto con UPN le hubiera permitido saber que este partido -socio del PP- iba a abstenerse en el texto restante, la nueva regulación del alquiler. Y, a diferencia de PNV y Bildu, ni la formación naranja ni la navarra planeaban exigir nada a cambio.

Si el Gobierno hubiera tenido esta información, podría haber intentado astutamente negociar con UPN para mutar su abstención por un «sí» que le zafara de Bildu. O haber optado por arriesgarse a que los batasunos tumbaran el texto del alquiler, algo improbable. Es cierto que habría tenido que pactar con el PNV, pero desde una mejor posición: pidiendo apoyo para un decreto y no para seis. Habría mantenido la dignidad frente a Otegui y habría enviado al soberanismo el aviso de que no está en sus manos.

Pero el PSOE no se vio en este escenario simplemente porque no quiso. Optó voluntariamente por mantener cortada toda comunicación con el centro-derecha y echarse innecesariamente en brazos de Arnaldo Otegui. «Una antesala de lo que Bildu pretende hacer en la próxima legislatura», se pavoneó su portavoz, Marian Beitialarrangoitia, para el sonrojo de más de un socialista. Después de casi nueve meses de alianza, el PSOE ya debería saber que los independentistas no son de fiar y aprovechan la mínima oportunidad para burlarse del Gobierno.

Todos los presidentes del Ejecutivo necesitan antes o después a la oposición para sacar adelante las cuestiones que son de Estado. Cualquier político con mínima experiencia de gobierno lo sabe, y tiene claro que es una torpeza legislar dándole la espalda a la mitad del Congreso.

Hacerlo con 84 diputados conduce inevitablemente a un autosecuestro que revela algo más que incompetencia. Pero si además los socios elegidos son los que quieren desgajar España, hablamos de una auténtica temeridad. ¿Tan escorado está ya el PSOE que es incapaz de abrir contactos con PP y Cs aún para su beneficio? ¿O se trata de sacar rédito dibujando a una derecha intransigente a costa de hipotecar España? Despierten de una vez los que piensan que el PSOE pacta con los independentistas porque no tiene otro remedio: lo hace por voluntad propia.

Ana I. Sánchez ( ABC )