PORNO

NINGUNO de los patriotas que ha forzado la vuelta a las urnas calculó con frialdad los peligros del capricho. Prefieren las encuestas a los votantes, y ya sabemos que escasamente son lo mismo. La encuesta conduce a una realidad ideal que mezcla un vago júbilo con una suave melancolía.

Y así no hay política que valga. Las encuestas son sentimentales y los sentimientos, bien lo advirtió Juan Ramón Jiménez, suelen ser una cuestión atmosférica. A estas elecciones se irá con el sol ya de poniente.

Lo crudo no es volver, sino tener a los mismos ineficaces en la meta. Esto es un porno político cutrísimo donde ya no cabe más análisis, porque ha bajado inmensamente la gracia de especular y la líbido. Votar será, de nuevo, el penúltimo desenfreno.

Alguien lo dijo el otro día en la terraza del Santos con hermosa autoridad: «Yo iré a votar todas las veces que sea necesario. Sus faltas no desemboracán en las mías. Ellos, antes o después, fracasarán. Algún día dejarán de liderar, vendrán otros, y yo seguiré votando. Así trabaja el destino. Y votar es mi parte del negociado. Sé que es poco, pero no voy a echarlo a perder por unos incapaces». Casi me convence.

Si los cuatro Narcisos que lanzan de nuevo los dados contra nosotros se mirasen en la superficie de un estanque verían reflejada su propia ruina. Cada mañana salen de la sepultura para echar unas palabrejas al aire, por si cuela. A eso lo llaman relato, que es una palabra tan bastardeada que merece la pena volver a su acepción de cuento.

 Amontonarán ruido en la campaña electoral, palabrería sobresalida, bultos gramaticales, venderán el humo de no sé qué estrategias. Y después de lo ocurrido confirmaremos que también a su destino podremos llamarlo deriva.

Nuestros líderes random (aleatorios y azarosos), síntoma de una generación que es la mía, resultan ya intercambiables. Me temo lo peor el 11 de noviembre, y es que suceda lo mismo de lo que hemos vivido. Repetir la opción de un Gobierno con los cuatro botones de la camisa desgarrados y nosotros pagando la factura del sastre.

En la oscura parrilla de la política española casi todos andan quemados sin arder. Hablan sin control, gesticulan, mienten, entorpecen su única misión y nos jodemos todos. Se fueron de la fiesta sin pagar.

Han dejado un Gobierno a deber y esas cosas no se olvidan. Uno que parecía de izquierdas, aunque hasta el final nunca se sabe. Después de perder el tiempo, sólo falta que perdamos el espacio. Qué sucio todo.

Antonio Lucas ( El Mundo )