Hace años se decía que España era un país de porteras –cuando existía una en cada casa de vecinos – porque se enteraban de todo y a veces convertían los rumores en cotilleos y las sospechas en condenas sociales, pero no crean que las cosas han cambiado porque esa vocación va en la genética de este país en el que por cada portera desaparecida han surgido diez contertulios.

Las radios y televisiones, que  también sufren la crisis económica desde hace años, han llenado sus parrillas de bocazas o gritonas que acuden a los estudios con un chute de odio en vena, y esa colonización de los mediocres ha abaratado los  gastos pero ha encarecido el valor de la verdad.

La gratuidad para bocear en las redes sociales ha democratizado la estupidez,  que convive en igualdad de condiciones con la verdad objetiva y contrastada, y no seré yo quien proteste porque resulta interesante observar a los distintos especímenes  de ese espacio sin fronteras donde hay gente inteligente, divertida, provocadora, culta y rigurosa,  y también tipos zafios, mentirosos, vulgares, lameculos del poder y odiadores de una sola idea.

 En España está por hacer un estudio sociológico, psicológico y psiquiátrico porque en las encuestas solo se pregunta lo que el cliente que las paga quiere saber,  y además decide el sesgo final de lo que ha respondido la población sobre la que se ha hecho.

En los sondeos de opinión existe un apartado  que lleva el epígrafe de “no sabe o no contesta”, referido a las personas que se niegan a responder a las preguntas de los encuestadores, pero eso no significa que no sepan o no tengan opinión, sino que no tienen ganas de regalarles unos minutos o desprecian la credibilidad del sondeo.

No se trata de una proporción pequeña porque a veces están englobados en  son lo que se ha venido en llamar “la mayoría silenciosa” , donde conviven personas cultas y pasotas, que en ocasiones son abstencionistas y desprecian a los gobernantes, sean de un color o del contrario.

Yo entiendo a los bordeline, porque hay alguno que me frecuenta, pero me cuesta trabajo encontrar una explicación al comportamiento de gente inteligente que ha renunciado a su independencia intelectual en favor de una opción política, sea la que sea, porque entiende que hay que poner a su servicio hasta la dignidad de respetarse a sí mismo.

Hoy en toda España los gobernantes se sienten desbordados por los contagios de la epidemia,   y la mayor parte de la sociedad está respondiendo con sacrificio, solidaridad y  responsabilidad. Claro que también están los agitadores de cinco tenedores, comisionistas de dictadores, y los tontos esféricos, porque  afortunadamente vivimos en una España plural.

Diego Armario