El Dr. Pablo Campra, Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de GranadaDoctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Almería, Profesor de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Almería, ha realizado un estudio con microscopía electrónica en viales de la vacuna, detectando óxido de grafeno, que afirman que es un conductor de frecuencias electromagnéticas.

El canal “La quinta columna” dirigido por Ricardo Delgado, bioestadístico, con la colaboración el Dr. Sevillano, inciden en esa teoría y además, tras examinar muestras, afirman y ponen a la vista imágenes obtenidas por microscopía de la existencia de objetos  nanotecnológícos que supuestamente están en viales de vacunas.

Lo han hecho con insistencia y reiteración, manifestando valoraciones de alto contenido emocional. Y, sin embargo, se hace un denso silencio sobre esto sin que nadie haya rectificado con elementos de contradicción tan graves afirmaciones. Y cuando digo contradicción me refiero a evidencias científicas que lo desmientan.

Según informes del propio Ministerio de Sanidad, haciendo una lectura objetiva de las tablas de incidencia del Covid, en la actual variante Omicron, se puede inferir que hay más afectados en hospitales entre vacunados que entre no vacunados.

Si como dicen la vacuna tiene una efectividad de un ochenta por ciento, el veinte restante serían los incluidos en la letalidad del virus en ese tramo de población, que corresponde en población aproximada con el veinte por ciento de los no vacunados.

Luego conclusión… algo falla pues los vacunados tienen más afectación, incluidos los fallecidos por covid vacunados, que son más que los no vacunados. Insisto: son tablas estadísticas  publicadas en el informe de diciembre referido a la incidencia del Covid. O al menos esa es la lectura que yo hago, que puede ser errónea. Y si lo es, espero que alguien me informe de mi error.

Si la variante Omicron es más benigna que el Covid 19, no se entiende la alarma con todo tipo de alharacas en los medios de comunicación, alguno de los cuales dedican día tras día todos los informativos a tiempo completo durante todo el tiempo en estos años de Covid.

Ni tampoco se entienden las medidas de secuestro de nuestras libertades y derechos constitucionales, una vez más sin base alguna constitucional ni respaldo jurídico, tal como ha sido demostrado en las sucesivas sentencias del Constitucional, a destiempo, como es costumbre.

Ni tampoco se comprende la persecución latente a los no vacunados, como si fueran los apestados por cuya supuesta culpa no remite la peste, Cuando ellos mismos manifiestan que la vacuna ya no es efectiva contra estas variantes. No sé si alguien lo entiende. Yo al menos no.

No nos dan ningún tipo de información sobre las vacunas. Ni su composición de contenido, ni sobre la estadística objetiva de los efectos inmediatos o mediatos. Ni nadie se hace responsable de los efectos supuestos que devienen, si no actualmente, en el futuro.

Sería necesario, si no hubiera gato encerrado en todo esto, que alguien diera la cara desde el plano científico dando información objetiva sobre lo que está ocurriendo. Pero todo lo más aparecen ciertos representantes del sector médico o epidemiólogos haciendo manifestaciones de diez segundos, que simplemente son ráfagas que no se sabe si es para informar o desinformar.

Alguien nos debería explicar por qué tanto interés en crear pánico en la población y someter a la gente a un clima de miedo, la mayor parte de las veces irracional.

Nadie nos explica por qué no se posibilitan debates científicos entre expertos acreditados, más allá de descalificaciones a los que han hecho una indagación, sin dar ni un solo dato o trabajo en laboratorio que demuestre lo contrario.

No se entiende que se hurte a la opinión pública la posibilidad de que haya un ejercicio honesto, tranquilo y meticuloso de cuestionamiento científico de la realidad oficial, o cuando menos un cruce de posicionamientos sobre hipótesis puestas sobre la mesa.

Y por el contrario se silencien a los que manifiestan que hay serias sombras sobre lo que viene ocurriendo desde que apareció el Covid; incluidas las inconsistentes y contradictorias posiciones de quienes tienen el deber de servir a los ciudadanos y de cuidar de su salud, de sus libertades y derechos.

El Gobierno nos tiene que informar por qué el 31 de diciembre, con ocultación y alevosía, ha sido acordada por Real Decreto 1150/2021, de 28 de diciembre, la aprobación de la Estrategia de Seguridad Nacional 2021. Y copio literalmente:  “El tercer capítulo recoge los riesgos y las amenazas a la Seguridad Nacional, cuyas principales características son su interrelación y dinamismo. De esta forma, el seguimiento de las conexiones entre riesgos resulta tan importante como su análisis de forma independiente.

La principal actualización en el mapa de riesgos es la inclusión de las campañas de desinformación. Además, la tecnología y las estrategias híbridas son elementos transversales al conjunto de riesgos y amenazas a la Seguridad Nacional

 ¿Significa eso que el Gobierno se erige en interpretador exclusivo y en inquisidor respecto a lo que es verdad y lo que no es verdad? ¿Qué consecuencias va a tener eso en cuanto a la libertad de prensa, la libertad de expresión, la libertad de conciencia, la libertad de opinión, etc.? ¿Van a dar otro giro de tuerca a la limitación de derechos fundamentales?

Ahí lo dejo. Sería razonable que alguien diera luz sobre todas estas preguntas.

Ernesto Ladrón de Guevara ( El Correo de España )