¡ PRESENTES !

Ni verde como el de los escamots de Macià durante la Segunda República, ni azul mahón como el de los sindicalistas de la Barcelona del 36. Sin uniforme. Con igual sentido de la jerarquía, sin embargo, y una misma voluntad de “defender la República de forma pacífica, pero contundente”. A los Comités de Defensa de la República (CDR) les gusta resaltar esto.

Porque para defender el Nuevo Estado catalán ya están la ANC, Òmnium y el propio Govern. Pero todo proyecto revolucionario, y el procés lo es, necesita una fuerza de choque, una milicia, se diría antes, que ejecute las directrices políticas. Un Estado no se levanta solo con palabras.

Y los CDR, creados para ocupar los colegios electorales durante el referéndum que nunca existió, según Rajoy, ya han lanzado en sus asambleas virtuales y en las de barrio el grito de ¡Presentes! para tomar las calles en el primer aniversario de un proceso constituyente que se inició con la promulgación de la Ley de Transitoriedad el 7 de septiembre, continuó con la votación del 1 de octubre y terminó con la declaración unilateral de independencia el 27 del mismo mes. Todo, sin oposición.

Del Gobierno, al menos. Solo el Tribunal Supremo salvó entonces la dignidad del Estado, y lo sigue haciendo ahora. Ante los independentistas y ante algunos socios de la UE que prefieren, al parecer, una España fracturada como quiso Alemania en los años 90 una Yugoslavia rota y dividida en varios países pequeños.

Del grado de violencia que sean capaces de desplegar los CDR hasta el 3 de octubre, como han anunciado, dependerá el nuevo envite del Govern rebelde. Es muy probable que el absurdo “referéndum por el autogobierno” anunciado por Sánchez, que se ha propuesto convertir a Zapatero en un estadista responsable, no sea sino un intento de rebajar esa tensión.

A fin de cuentas, lo que está ofreciendo el presidente del Gobierno es el referéndum pactado que reclaman los independentistas. Y los populistas. De forma encubierta. Porque es mentira, como dijo Sánchez, que los catalanes no hayan votado el Estatut. Lo hicieron, el 10 de mayo de 2006. La participación no llegó ni al 50%. Luego, en 2010, el TC derogó 14 artículos que eran incompatibles con la Constitución. Y dejó el resto. Incluso el Preámbulo en el que se afirmaba que Cataluña era una nación. ¿Qué está entonces ofreciendo Sánchez? ¿Redactar un nuevo Estatut incorporando los artículos ilegales y convertir el referéndum para su aprobación en una consulta constituyente?

Es tarde para las componendas. La mera existencia de los CDR es ya una inequívoca declaración de guerra. El Gobierno puede seguir engañándose, pero negar la evidencia es condenarnos a todos los españoles. Solo la intervención puede detener el secesionismo.

Fernando Palmero ( El Mundo )