Pedro Sánchez no solo mantiene el gabinete de ministros más amplio de toda la democracia, sino también el aparato de altos cargos y asesores más sobredimensionado de cualquier presidencia del Gobierno. Nunca nadie había disparado la plantilla de La Moncloa con una colocación de afines tan estridente, y nunca ningún otro presidente había presupuestado un gasto anual de 40 millones de euros para hacer frente a semejante estructura institucional y, sobre todo, a los sueldos.

Las cifras oficiales de la Intervención del Estado demuestran que en el último año de mandato, el Ejecutivo de Mariano Rajoy tuvo un gasto en La Moncloa de 32,4 millones de euros, y que Sánchez, lejos de ajustarse a esa cifra, o incluso de reducirla para cumplir con su programa electoral y poner fin al enchufismo, la ha ampliado en siete millones más.

Ese es el precio de convertir La Moncloa en una suerte de agencia de colocación toda vez que la presidencia del Gobierno cuenta con 280 asesores, y por encima de ellos hay una treintena de directores y secretarios generales, subdirectores, subsecretarios y otros altos cargos cuyas funciones oficiales en algunos casos son un auténtico relleno sin prácticamente contenido ni actividad real.

A día de hoy, La Moncloa es una superestructura creada ‘ad hoc’ por Sánchez para dar cobertura al favoritismo con el que premia a quienes le fueron leales cuando el PSOE lo expulsó como secretario general del partido.

Es amiguismo elevado a la enésima potencia, sufragado con dinero público, y mantenido con una total opacidad política porque el Ministerio de Presidencia parece inmune a aclarar con criterios de transparencia cualquier cuestión conflictiva que pueda suponer un menoscabo a la imagen de Sánchez.

Es inexplicable, por ejemplo, que con tan desmesurada cifra de asesores, Moncloa haya sido incapaz de dar explicaciones solventes sobre el plagio de la tesis del presidente del Gobierno, un escándalo desvelado por ABC que La Moncloa enterró con absoluto desahogo; o sobre la utilización de aviones oficiales para que Sánchez y algunos familiares se desplazasen a actos y eventos de carácter privado.

Y ya el eterno argumento de la seguridad no cuela. Más bien es la excusa para justificar una concepción arbitraria del poder a costa del erario público.

Otro dato relevante al que ha tenido acceso ABC son los casi dos millones y medio de euros que ha subido entre 2020 y 2021 el coste de los salarios de esta legión de asesores.

Y llama la atención porque este aumento se produce en el contexto de la profunda recesión que está afectando a cientos de miles de trabajadores en ERTE, a muchos otros que están siendo incluidos en expedientes de regulación de empleo por el cese de actividad de sus empresas, y a muchos sectores económicos cuya producción ha caído en picado y no termina de remontar.

La ejemplaridad de Sánchez en ese sentido es nula. Y si alguien puede estar tranquilo con aquella frase tan demagógica -«nadie quedará atrás»-, ese es el equipo de asesores y altos cargos de La Moncloa, porque a ellos la reducciones de sueldo, los impagos de nóminas, o los aplazamientos de deudas que se han visto obligados a solicitar tantos y tantos autónomos en España, no les afectan.

Queda finalmente una tercera partida por aclarar: ¿a qué ha dedicado la presidencia del Gobierno 2,39 millones de euros más que en 2020 en concepto de gasto corriente en bienes y servicios? España no necesita un Gobierno con una veintena de carteras, ni una presidencia con casi 300 asesores.

Incluso para Sánchez, es demasiado.

ABC