Por una de esas paradojas de la vida política, este presidente por accidente, que accidente mortal es llegar a la Moncloa con los votos de la ETA, el PNV y el golpismo catalán, tiene la oportunidad de enmendar la gran traición de Rajoy. A aquel PP se le votó -hoy no lo haría ni la mitad- para deshacer los desastres de Zapatero y, salvo el empleo, los deja peor que los encontró. A este PSOE no lo han votado los españoles sino los enemigos de España instalados en las Cortes por una infame Ley Electoral, para rematar la faena emprendida el 11-M y que sólo la crisis económica impidió completar a ZP. Si éste tenía la tara de legitimidad del aprovechamiento de la masacre para cambiar el voto popular, Sánchez tiene la de que no llega a través de las urnas sino negándolas, para evitar que los españoles voten a Albert Rivera.

Si su presidencia sigue la línea del abyecto discurso contra su aliado cuando Podemos impidió que llegase a La Moncloa, será un pelelesidente, un monigote de 22 partidos que no tienen en común el odio a la corrupción (cómo van a odiarla la tribu de los ERE y la banda de Alí Pujol) sino a España y a la Libertad. Si lo catapultan por encima de las urnas y de su propio partido es para ejecutar el golpe de Estado catalán y extenderlo a toda España. En unos meses podría, sin embargo, chasquearlos y legitimarse. Depende de si quiere disfrutar dos años de zozobra traicionando a la Nación o diez semanas de reivindicación personal y política. Lo esencial, como decía ayer Paco Rosell, es entender que nos jugamos el régimen. El Gobierno es lo de menos.

Federico Jiménez LoSantos (El Mundo )

viñeta de Linda Galmor