PREVISIÓN DE LLUVIA DE URNAS

En estos prolegómenos del otoño, donde la confusión política es mucha y el panorama económico se encapota, las expectativas electorales que parecen vislumbrarse en lontananza evocan un cómico episodio. Los indios de una tribu, tratando no verse sorprendidos por el invierno, requieren el consejo del hechicero.

Para no pillarse los dedos, el chamán les aclara que aún es pronto para predecirlo, si bien presume que se avecina una estación fría. Su medrosa respuesta no evita, no obstante, que todos se pongan manos a la obra para hacer acopio de leña. Al no satisfacerle por completo un vaticinio hecho para salir del paso, el brujo telefonea al Servicio de Meteorología. Allí le ratifican que, en efecto, van a registrarse temperaturas muy bajas, lo cual le alivia.

A los pocos días, los suyos vuelven a la carga ratificándose éste en que el termómetro iba a quedarse tiritando y que deberían andar sobre aviso. Aun así, el curandero se pone de nuevo en comunicación con Meteorología, donde esta vez se disculpan porque han de rectificar su pronóstico: la climatología descenderá más grados de los predichos. El proceso se sigue repitiendo, mientras los aborígenes se afanan en amontonar troncos.

Finalmente, al no lograr espantar del todo la mosca que ronda su oreja, el augur traslada a los meteorólogos una duda a la que no deja de darle vueltas: «¿Por qué están tan convencidos de que el invierno será tan glacial?». Y la contestación del experto le sume en la perplejidad: «Mire, la verdad es que lo ignoramos. Pero los indios llevan semanas recogiendo leña como posesos».

Con respecto a una repetición electoral el 10-N, tras la fallida investidura de julio y al persistir las desavenencias entre PSOE y Unidas Podemos, todo anticipa que ése es el propósito que anima también a Pedro Sánchez, si se atiende a las señales que emite desde, prácticamente, la noche electoral del último domingo de abril. Desde entonces, en vez de echar toda la carne en el asador para recabar los apoyos precisos, éste no deja de hacer provisión de madera para acudir a las urnas bien pertrechado.

Con relación a la investidura que le encomendó el Rey hace tres meses, ni hizo sus deberes en junio ni tampoco parece dispuesto a hacerlo en septiembre, más allá de los flatus vocis. Si en su primera tentativa se limitó a dar un empujón de última hora con Podemos que acabó como el rosario de la aurora, tras la pausa estival reitera el ardid para hacerse la víctima de los males que él mismo se procura. 

Si tuvo al alcance de la mano ese acuerdo antes de recogerse en Doñana, ahora todo será más embarazoso. A las reticencias de Iglesias, se suma el hecho incontestable de que el otoño catalán -entre los aniversarios del 11-S y el 1-O, más la inminente sentencia del juicio a los golpistas- ensombrecerá más la situación. Los independentistas no van a estar muy colaboradores que digamos. Como le anticipó ERC que otrora le apremiaba.

Francisco Rosell ( El Mundo )