PRIMERA DERROTA

El desafío del nacionalismo catalán al Estado español declarando la independencia contra todas las normas, incluido su propio estatuto, sufrió el lunes la primera derrota, aunque nunca lo reconocerá, fiel a su consigna de no admitir la realidad y aferrarse a su mitología.

Pero el descalabro fue tal que ni siquiera se necesitó el 155 para despojar a Quim Torra del acta de diputado, sino que lo hizo su propio Parlament, obedeciendo a la Junta Electoral Central, avalada por el Tribunal Supremo, para más inri. La indignación de Torra le ha hecho convocar elecciones, aunque las dejó para después de aprobarse el presupuesto, del que todos viven.

En cualquier caso, la batalla hoy es entre los dos grandes partidos catalanes, Debería ser un alivio para nosotros, pero no conviene hacerse ilusiones. Tanto ERC como JpC luchan por controlar Cataluña, pero su último objetivo sigue siendo el de siempre: separarse de España.

Difieren en la ruta. Mientras Junqueras defiende la negociación, visto los nulos avances y las muchas bajas de la confrontación, Torra sigue pensando que sólo desde el monte podrán alcanzarla y no se recata de calificar de traidores a los republicanos, que alardean orgullosos de lo ya conseguido: un diálogo de tú a tú con el Gobierno central.

Reconocimiento de un conflicto político, no judicial, en Cataluña; una «consulta» sobre los resultados de las negociaciones y, lo más importante, que Sánchez es una «oportunidad» para ellos, tal vez la única, que «no puede desaprovecharse».

Lo que coloca a Sánchez en el ojo del huracán, que es justo lo contrario de lo que perseguía: servir de puente entre ERC y JpC. Para colmo, ha cometido un tremendo error: cancelar la mesa de negociación apalabrada con Esquerra y mantener la entrevista con Torra.

Se entiende que no tenga prisa por esa mesa sobre la que tendrá que poner las concesiones materiales y políticas que piensa hacer a Cataluña. Pero el aplazamiento, que puede durar meses, ha sentado como cornada en mal sitio entre los republicanos que esperaban esas concesiones como prueba de que no están traicionando el independentismo, y hablan de «irresponsabilidad» e «incumplimiento flagrante de lo acordado».

Algo que solo va a acrecentar la fama de poco de fiar de Sánchez. Aparte de que, en la entrevista con Torra van a salirle los mismos toros: «Espero, dice éste, que no eluda la autodeterminación y los presos políticos». Suele ocurrir cuando se intenta engañar a todos y no cumplir nada de lo prometido.

Había reservado las últimas líneas para Gibraltar aprovechando el principio del fin del Brexit. Creíamos que la salida del Reino Unido de la Unión Europea devolvería el Peñón a lo que dice la ONU: una colonia que debe ser descolonizada teniendo en cuenta la integridad territorial de los países.

Pero a un gobierno que negocia de tú a tú con separatistas, ¿qué puede importarle un Peñón al sur del territorio? Aunque volveré sobre el asunto.

José María Carrascal ( ABC )