PRIMERO, LA LIBERTAD

La libertad de expresión no es necesaria sólo para protegerme a mí y a mis ideas de los impulsos censores ajenos, sino también para proteger a los demás de los impulsos censores propios. Los derechos constituyen restricciones universales a la acción: no matar, no robar, no agredir, no esclavizar, no censurar.

No son privilegios de los que sólo disfrute yo mismo frente a los demás, sino prerrogativas que yo poseo frente a los demás porque los demás también las poseen frente a mí. De ahí que defender el derecho a la libertad de expresión resulte apremiante cuando se trata de evitar la censura no de ideas con las que coincidimos, sino de ideas sobre las que discrepamos profundamente.

Juan Ramón Rallo ( La Razón )