PRINGAOS

Esos diputados andaluces -de Cs y de Podemos- que han dimitido por llevar pasajeros de Blablacar en viajes por los que ya cobraban dietas son unos roñas y unos pringaos. Hay que ser bastante cutre para transportar viajeros, a veinte euros por cabeza, en trayectos cubiertos por el viático parlamentario.

Ésa, la del miserabilismo ventajista y mostrenco, es la verdadera razón por la que no son dignos del escaño. Pero si el listón estético lo tenían muy bajo, el ético lo han puesto en la estratosfera, aunque les hayan obligado, si se les compara con los presidentes del Gobierno y del Senado, o con la juez Bolaños, que ponen cara de mármol ante palmarias evidencias de plagio.

Por eso lo de pringaos: se sentirán unos pardillos en la picota del escarnio mientras las altas magistraturas de la nación se mantienen en sus cargos. Así como Valle decía que en España se puede robar un monte pero no un pan, en nuestra escena política sale gratis copiar media tesis o varios manuales universitarios pero constituye piedra de escándalo cobrar a escote la gasolina de tu coche privado. Eso les pasa por alinearse en el bando equivocado; hay que estar en el PSOE para gozar de la bula oficial y del silencio mediático.

La lección está clara: la exigencia de ejemplaridad sólo rige para el que esté dispuesto a aplicársela. Si estás en la cumbre del poder o en el partido alfa puedes dar lecciones de moral democrática con un doctorado trucho a la espalda o recibir derechos de autor por obras escritas con mano prestada.

Puedes ganar premios de ensayo con obras de originalidad problemática, enchufar a media familia en el ayuntamiento o eludir impuestos con sociedades pantalla. Si te pillan te haces el digno con la jeta apretada y la mandíbula alta: temas menores, pura hojarasca, hipérboles de la prensa sensacionalista, mal perder de los fachas. Y si por un raro ataque de coherencia sientes la tentación de irte a tu casa, te presionarán para que no dejes al jefe en situación desairada. Prietas las filas, alta la guardia y a disimular, que siempre que llueve escampa.

Eso sí: como seas de la oposición, aunque sólo ocupes una concejalía de pueblo, como te saltes un semáforo o no recojas la caca del perro te espera un juicio sumarísimo en el que tu propio partido te dejará indefenso para presumir de rigor políticamente correcto.

Les ha pasado a los pinchaúvas del Blablacar, obligados a renunciar tras retractarse con afligidos golpes de pecho, en esa misma Andalucía donde se compran votos a cambio de empleo y se han pagado putas a cuenta del presupuesto. Aunque se lo merecen por listillos, y sobre todo por la pringosa sordidez de su trapicheo, son víctimas de un clamoroso doble rasero.

Han dejado su decoro por los suelos pero nadie les hubiese podido reprochar que se aferrasen a sus puestos hasta que Sánchez y otros ilustres fulleros prediquen con el ejemplo.

Ignacio Camacho ( ABC )