PROCESAMIENTO DE PUIGDEMONT: ANATOMÍA DE UN GOLPE

En un auto rigurosamente razonado, el Supremo confirma el procesamiento de PuigdemontJunqueras y otros cinco encausados por los delitos de rebelión, malversación y desobediencia. Secunda así el criterio de Pablo Llarena y define con claridad la naturaleza del golpe posmoderno en Cataluña: «Existe un alzamiento cuando las autoridades legítimas de una Comunidad Autónoma, integrada como parte de España, deciden, desde el ejercicio del poder, derogar de hecho las Constitución, el Estatuto que garantiza su amplísimo autogobierno y el resto del ordenamiento que se oponga a sus designios».

El Supremo desestima los recursos de los procesados, que niegan la premisa de violencia, porque entiende que los cerebros del golpe previeron ese riesgo de violencia y lo aceptaron, e incluso incitaron a su comisión con llamadas a la participación frente a la prohibición expresa del Constitucional, lo que justifica la desobediencia, y sirviéndose de un engaño contable para camuflar la financiación del 1-O, lo que explica la malversación.

En cuanto Llarena dicte procesamiento, Puigdemont y el resto de diputados procesados quedarán suspendidos. La previsible erupción de victimismo separatista le tocará gestionarla a Pedro Sánchez, que comprobará la esterilidad del apaciguamiento.

El Mundo