PROFESORES CORRUPTOS

Si hay algo pernicioso en la universidad española es el intento de dotar de apariencia científica a un discurso de odio y resentimiento que aspira a demoler nuestra frágil democracia, gracias a la cual hemos alcanzado niveles de bienestar impensables hace sólo unas décadas.

Desde la comodidad de la cátedra, Castells se permite el lujo de incitar a la destrucción de todo cuanto ha hecho de él un profesor bien remunerado. Hay algo de pulsión suicida. Pero también una calculada desvergüenza en la defensa del “caos” como último recurso tras el fracaso de opciones partidistas arrolladas por la historia.

Quizá sienta Castells la melancolía del tiempo ido y de la revolución que le quedó pendiente, pero es una irresponsabilidad social y política, además de una reprobable falta de generosidad, utilizar la posición conseguida gracias a la “disciplina de un orden” para llamar a la destrucción de lo único a lo que podemos aspirar.

Fernando Palmero ( El Mundo )