PROGRESISTAS Y ESTANCADOS

Tengo un amigo al que le gusta dividir a la gente en dos grupos: la buena y la mala gente, aunque él emplea otros términos más castizos y genealógicos, pero yo entiendo que no es necesario acordarse de la familia de nadie para señalar a los hijos de la gran chingada.

El   lenguaje da mucho juego  a la hora de describir el binomio de dos extremos en conflicto y podemos decir que la gente se divide entre  listos y  tontos,  leales y desleales, sucios y aseados, engañados y engañadores,  aunque el que más me gusta es el de progresistas y estancados porque retrata a algunos especímenes de esta sociedad.

Ahora bien ¡que nadie se lleve a engaño! porque el término progresista no tiene nada que ver con un concepto ideológico- político, ni con su acepción economicista que alude a quienes han escalado en su situación social o económica, sino con un concepto cultural, que es el que define el desarrollo de nuestras vidas.

La cultura marca el desarrollo de nuestra existencia como ciudadanos y no es imprescindible haber  desarrollado una actividad académica para que un hombre o una mujer adquieran los conocimientos  que emanan de la experiencia y la reflexión.

 El que más y el que menos  ha conocido a profesores excelentes y a docentes estúpidos, pero también a sabios sin estudios y a marmolillos recalcitrantes, y es ahí donde entra de lleno el binomio contradictorio que distingue  a los progresistas y  de los estancados.

Desde un punto de vista intelectual y cultural, el progresista es un hombre que duda  o una mujer capa de rectificar su opinión sobre cualquier asunto si descubre un argumento más sólido que el que le hacía pensar lo contrario.

El estancado es alguien a quien le ha superado el análisis crítico y se ha quedado en el dogma. Carece de vocabulario, vive de los tópicos, solo se siente seguro en su tribu y encuentra enemigos imaginarios por doquier, aunque nadie le haga caso.

Estas reflexiones se me han ocurrido mientras revisaba un cajón con fotos antiguas en las que aparezco con gente que por aquellos años estaban  en el “candelabro”, que diría una famosa de la época,  y me he encontrado con un Jorge Vestrynge, militante de la  Alianza Popular de Fraga, que  ese día me contó que pensaba pedir su ingreso en el PSOE.

Me sorprendió un cambio tan radical en esos momentos  pero ha ido a más   porque finalmente ha acabado en la órbita de Podemos, convencido de que ésa es la mejor opción política en la que quiere militar.

De Jorge Vestrynge,  que ha transitado del neofascismo a la ultraizquierda pasando por todos los estadios intermedios, se puede decir cualquier cosa menos que no sea un intelectual y por eso jamás le calificaré de estancado, e imagino que debe sentir un cierto desprecio intelectual  por algunos que dicen que piensan igual que él aunque son incapaces de argumentarlo  construyendo una frase  de más de tres palabras.

Diego Armario