Los dirigentes británicos no pueden seguir manteniendo que su primer objetivo es defender su independencia y, al mismo tiempo, continuar con su simulacro de negociación de un acuerdo de libre comercio, un tratado que precisamente sirve para regular la interdependencia entre dos socios.

Londres insiste en que no quiere aceptar que en el futuro se imponga un recargo a las mercancías británicas que no cumplan las regulaciones europeas -ya que estas podrían cambiar respecto a las suyas-, pero está dispuesto a un no acuerdo que significará que todas las mercancías pagarán más a partir de ahora.

La decisión de seguir negociando el Brexit a pesar de la premura del tiempo podría justificarse si existiesen indicios sólidos de que es posible avanzar.

Si es solo porque nadie quiere aparecer como culpable de la ruptura, sería una actitud irresponsable, porque a apenas dieciocho días para el fin del plazo, las empresas tienen derecho a saber con certeza qué medidas tomar.

ABC