Después de haber insinuado que el Gobierno presentaría una ley específica sobre la Corona para determinar nuevos criterios de transparencia, Pedro Sánchez parece haber dado marcha atrás, y se limitará a proponer, de común acuerdo con el Rey, reformas legislativas aisladas sin necesidad de aprobar esa norma concreta.

Una vez más, el Gobierno juega con globos sonda y cortinas de humo estériles para imponer por conveniencia un debate social que, según el CIS, solo preocupa a una parte muy residual de la sociedad.

Sánchez es un experto en crear conflictos artificiales y necesidades no prioritarias en mitad de la pandemia para que no se hable de sus carencias e improvisación.

Pero el Gobierno manipula a capricho el estado de ánimo de la sociedad, y eso es peligroso porque se corre el riesgo de minar a la Corona como institución.

A Sánchez le falta prudencia porque es irresponsable afrontar un debate crítico sobre la Monarquía en un momento tan delicado para España, en el que el Rey necesita el respeto y la protección del Gobierno, y no un acoso sistemático, inoportuno e interesado.

ABC