PROVOCACIONES

La personalidad de Sánchez no es demasiado compleja. Al contrario, responde a una simpleza esquemática que lo vuelve especialmente previsible. Al principio nos engañó; ahora, ya no.

En su reduccionista visión, los que lo apoyan para ocupar el poder son demócratas, aunque se erijan en los herederos de un grupo terrorista o quieran romper la unidad de España. En cambio, quien legítimamente le fiscaliza dentro del libre juego del parlamentarismo es un provocador.

Por ejemplo, cuando Adriana Lastra acusa a la derecha de pretender dar un golpe de estado, según Sánchez, la asturiana está rezando en realidad una jaculatoria a la Virgen de Fátima. Cuando la oposición pregunta a Marlasca por qué retira de su cargo al coronel Pérez de los Cobos, se trata, sin embargo, de una provocación inadmisible.

Creo que será un buen ejercicio periodístico colocar las frases de unos y otros frente a frente, y dejar a la inteligencia y sensibilidad del lector concluir lo que el común de los humanos entiende por provocación.

Personalmente, a mí me parece que no existe otra mayor que la soberbia de Sánchez al acusar a los demás de su pecado.

El Astrolabio ( ABC )