EL PSOE SIGUE LASTRADO POR FALTA DE SU PROYECTO NACIONAL

En su último Congreso Federal, el Partido Socialista asumió la defensa del Estado plurinacional. Fue una exigencia planteada por los socialistas catalanes, que Pedro Sánchez no dudó en apadrinar tras el rotundo apoyo del PSC en la crisis interna que atravesó el PSOE tras su defenestración de la Secretaría General. Ha pasado más de un año y Ferraz parece haber guardado en un cajón la bandera de la plurinacionalidad, lo que refleja la carencia de un proyecto integrador y reformista dentro de los límites del Estado autonómico, que es lo que le corresponde al PSOE por su condición de alternativa de Gobierno.

Da tantos tumbos esta formación que el PSC, el mismo partido que forjó el tripartito con los independentistas de ERC y que aún hoy no duda en defender la inmersión lingüística, colgó ayer la bandera de España en la reunión de su dirección por primera vez en los 39 años de Historia de este partido. No sé sabe aún si estamos ante un gesto efímero o sencillamente ante un gesto de cara a la galería una vez que el PSC ha comprobado el extraordinario avance de Ciudadanos en sus tradicionales caladeros de voto.

Tiene razón Javier Fernández cuando, en la entrevista que hoy publica EL MUNDO, rechaza la estructura plurinacional del Estado. No sólo porque pueda ser discutible en sí misma la vaporosa idea de la España plurinacional, sino porque este concepto colisiona directamente con la organización federal del Estado que, al menos sobre el papel, preconiza el PSOE, a rebufo del PSC. Es difícil concebir España como “una nación de naciones”, tal como en su día arguyó Sánchez, pero lo que es evidente es que considerar a las naciones un elemento constitutivo del Estado plurinacional introduce una connotación nítidamente confederal.

El PSOE prestó su apoyo, aunque condicionado, para la aplicación del artículo 155, pero urge que su dirección y los barones regionales sean capaces de articular un proyecto nacional sólido, claro y estable, que entronque con las bases socialdemócratas y de centroizquierda que han galvanizado la acción política del PSOE desde la Transición.

El presidente asturiano demostró durante el tiempo que estuvo al frente de la Gestora socialista una franca voluntad de acuerdo con el Gobierno y un pragmatismo político del que adolece la actual dirección socialista. De ahí que no tenga reparos en repeler la tentación populista y defender la democracia representativa, “fuera y dentro del partido”, o que abogue por no hacer cooficial al bable en Asturias. Fernández, quien no participará en la escuela de gobierno que se ha sacado de la manga Sánchez para escenificar el cierre de heridas interno, no oculta que las llamadas a la unidad del secretario general no son creíbles tras el veto a Elena Valenciano. Recomponer las filas es esencial para el PSOE. Pero lo es aún más que su cúpula arme un proyecto capaz de ganar elecciones, no sólo votaciones entre la militancia.

El Mundo