PSOE, VOLADURA O NAUFRAGIO

Hace tres años se desató la reyerta en el PSOE. Fue durante el Comité Federal que analizó los decepcionantes resultados del 20-D. Desde entonces, toda decisión, giro, proclamación, vistazo torvo y observación de Sánchez obedece a un fiero y nervudo instinto de supervivencia. Ese día propuso pactar con Podemos y separatistas.

Los barones rechazaron «de manera tajante cualquier planteamiento que conduzca a romper con nuestro ordenamiento constitucional». Redactaron tres folios de instrucciones porque no se fiaban de su secretario general. Le creían capaz de transigir con un referéndum que reconociese el derecho a la independencia de Cataluña. El ceñido pliego de condiciones hirió el orgullo de Sánchez, que a cambio ganó tiempo y retrasó la convocatoria del Congreso Federal.

Meses después, tras las segundas elecciones, dilató lo que pudo la investidura de Rajoy mientras el partido ensanchaba su fractura entre los partidarios de la abstención y noesnoístas, que buscaban terceros comicios para posponer de nuevo el Congreso.

La trifulca derivó en tumultuaria en el bochornoso Comité del 1-O de 2016: Sánchez improvisó urnas detrás de unas cortinas y simpatizantes de Podemos se arremolinaron a las puertas de Ferraz blandiendo el no es no. Díaz depuso a Sánchez, que inició su cruzada y remontada. Su obstinación y coraje no conocen límites. Renunció a su acta de diputado, se subió a su Peugeot y ganó el Congreso.

Tras su victoria reformó los estatutos del PSOE. Lo convirtió en una plataforma personal y acomodaticia. Sánchez rebajó las competencias de los órganos intermedios y barones y reforzó la aparente conexión directa entre el jefe y las bases.

Las federaciones han perdido influencia en la designación del Comité Federal, que ya no puede destituir al líder sin la conformidad de los militantes ni decidir la estrategia ni política de alianzas; además, el secretario general se reserva el poder de imponer primarias en los territorios. El partido de Sánchez reforzó la disciplina y dependencia del duce. Sánchez se impuso al PSOE.

Renunció al impulso que le otorgó la moción de censura y por fin el viernes devolvió al socialismo al tormentoso bucle iniciado en 2015. En su porfiado relativismo y permanente retorno al origen de su agravio, improvisará sobre la marcha, guiado por su afán de desquite, en función de su circunstancia y vicisitudes, si procede a la voladura -y escisión- del PSOE o lo arrastra consigo. Mientras, Cs aguarda en el centro para recoger los restos del naufragio.

Javier Redondo ( El Mundo )

Viñeta de Linda Galmor