PUCHEROS

Más emocionado que cuando entró en el chalé de Galapagar, seguramente susurrando «mira Irene, todo esto es nuestro». Más exultante incluso que cuando aquel mitin fundacional de «La Mallorquina», allá en la Puerta del Sol donde todo había comenzado años atrás en un 15-M de acampada en tienda Quechua y hasta con taller «Trans-marica-bollo».

Puede que más conmovido que cuando se le fue el comandante Chávez, su guía, su inspiración, su patrón (nunca mejor dicho, que le tuvo a sueldo)… Pablo Iglesias lloró ayer en las Cortes cuando Sánchez salió presidente. Tiene motivos para tanta emoción pues con el peor resultado de su breve historia, con 1,5 millones de votos menos que hace apenas siete meses, el populismo de ultraizquierda se cuela en La Moncloa de la mano del sanchismo, aquel que renegaba de Podemos cuando era una pesadilla que impedía conciliar el sueño al doctor.

La hemeroteca está llena de esos espantos en cuanto se le mentaba a Iglesias. Ya no merece la pena recordarlos, aunque esos sonrojos sean casi de anteayer y formen parte sustantiva de la triste historia de esa gran enciclopedia de la mentira en la que se puede resumir el ideario (bueno, o eso que le ronda la cabeza) de Sánchez.

Lágrimas contritas las de este Iglesias, gimoteos llenos de hipidos de cuando le sacó en esas mismas Cortes lo de la «cal viva» del PSOE, aquella casta de «cloaca» a la que ahora se abraza en busca del «cielo» que prometió tomar «al asalto».

No le ha hecho falta, Sánchez le ha abierto de par en par la misma puerta por la que se han colado los separatistas a los que les importa «un comino la gobernabilidad de España» y van a lo que van, los nacionalistas de «cucharón y paso atrás» (a ver qué saco de esta ronda), los proetarras que brindaban cuando todos llorábamos de verdad tras el último tiro en la nuca, aquel chaval de la beca y un señor de Teruel, entre otros.

¿No va a llorar? Si no se lo cree: vicepresidencia, cuatro ministerios (uno para Irene, claro), secretarías de Estado, direcciones generales y lo que haga falta… ¿No va llorar?

Si entre los 120 diputados del PSOE no ha habido uno solo que diga no a pactar con ese elenco de «demócratas» que insultan al Rey, a la Justicia y a la Constitución en las Cortes, sin que el tancredo de Tetuán tuerza al menos el gesto o les afee la afrenta a los españoles, que es ahí donde tiene domiciliada su soberanía, y quienes desde ayer tienen motivos para hacer pucheros de verdad por lo que se les viene encima.

Álvaro Martínez ( ABC )

viñeta de Linda Galmor