Cuando Teresa Ribera atravesó la puerta giratoria y se incorporó a Isofotón, la Junta de Andalucía ya había enterrado en la empresa malagueña decenas de millones de euros, pero a la ahora vicepresidenta del Gobierno le dio tiempo a trabajar, valga la expresión, en un proyecto financiado de forma irregular con otros ocho millones y ya investigado por la UDEF.

El proyecto no fue llevado a cabo, el dinero se fue por la alcantarilla y nunca fue devuelto a la Administración andaluza, sin que Ribera alertara del enésimo fraude domiciliado en la animada sede de Isofotón.

Todo con dinero público, como mandan los cánones del socialismo andaluz y de sus ilustres invitados.

ABC