PUES YA ESTÁ: SÁNCHEZ CONTROLA LA FISCALÍA

El Gobierno socialcomunista hizo ayer efectiva su toma de control sobre la Fiscalía General del Estado, donde ha colocado a Dolores Delgado para hacer buena aquella confesión de Pedro Sánchez en la radio pública en la que, el pasado noviembre, hasta alardeaba de que los fiscales obedecían sus órdenes, tanto que casi comían de su mano. «¿Pero de quién depende la Fiscalía? Del Gobierno, ¿no? Pues ya está».

El lógico alboroto le obligó a rectificar a las pocas horas pero cuatro meses después vemos que sigue pensando lo mismo y deja las cosas claras con el nombramiento de una exministra suya, a la sazón diputada del Grupo Socialista hasta hace cuatro días. Y lo ha hecho Sánchez a la brava,

 que ni le ha detenido que el CGPJ se negase a valorar su idoneidad. Es la primera vez que se da esta anomalía, pero el sanchismo es pionero hasta en estas trapacerías. «Pues ya está».

Vía libre por tanto para la fiscal general del sanchismo, que no del Estado, que lo primero que va a tener que hacer Delgado es inhibirse y no dar ni una sola instrucción en las tres querellas, tres, que andan por los juzgados contra su excompañero de banco azul, el todavía ministro Ábalos, por el escándalo del «Delcygate».

Y así sucederá una y otra vez porque Delgado «contaminará» todos los procesos abiertos contra su partido, otros partidos u otros colectivos que hayan podido tener relación con su antiguo cargo de ministra, que no deben bajar de los 150.000 porque no solo ha sido responsable de la cartera de Justicia sino que participó en la aprobación de todos los decretos emitidos sobre esto y aquello por el Consejo de Ministros.

Vivirá por tanto Delgado en la inhibición permanente, recordando quizá aquellos entrañables tiempos de fiscal de la Audiencia Nacional cuando el por entonces comisario Villarejo le confesaba haber montado un puticlub para extorsionar a políticos y empresarios y ella, en vez de redactar una querella de inmediato, se inhibía y le reía la gracia a tan simpático «emprendedor».

Quizá, quién sabe, se pidió otro chupito en aquella sobremesa después de dedicarle un rotundo «maricón» al entonces juez Marlaska. Eso sí, años después aclaró que aquello no fue una «expresión homófoba» sino «un insulto fuera de contexto». Que esa es otra, ¿qué va a hacer la Fiscalía en el caso Villarejo? «Pues ya está».

Álbaro Martínez ( ABC )