PUIGDEMONT: COBARDE EN OTOÑO

Rodeado de otoño, que es el tiempo en que los árboles se vuelan la cabeza, Puigdemont parecía un mendigo que acabará comido por sus gatos. Eso es lo que está haciendo ya el independentismo catalán, morir con su signo del zodiaco. En el vídeo de la entrevista a Le Soir, Puigdemont echaba migas a las palomas de su pelo y aseguraba que no quisieron hacer “una declaración de independencia, sino de interdependencia”. Ya no sabe qué decir, pero no para salvar una causa insalvable, sino su culo, que ha convertido en bandera y en reliquia para ello.

Puigdemont, como el otoño, se fuma en pipa el mundo mientras aquí sus jacobitas abandonan, reniegan, olvidan, se visten de Fígaro si hace falta, más por miedo a perder el poder que a las leyes. Las noticias de Antena 3 resumían el fin del procéscon dos frases de Joan Tardà: de “en Cataluña tenemos una mayoría independentista” a “una mayoría de catalanes no ha deseado la independencia”. En la pantalla dividida, Tardà parecía una figura de baraja francesa persiguiendo sus dos cabezas. Santi Vila, postulante apartado en favor de mártires escocidos y dolorosas de reja, aseguraba a Ana Pastor que una parte del Govern siempre pensó que todo era una simple “estrategia de presión”, y que Puigdemont ni siquiera era demasiado partidario de las leyes de referéndum y desconexión.

Han faroleado en paños menores, se han mentido entre ellos y han mentido a sus devotos. Ahora se retractan, disimulan, aunque aún infaman buscando ese abrazo de los borrachos o los boxeadores (Marta Rovira hasta se sacó de repente que el Estado había amenazado con muertos). Wyoming, que cada vez parece más un indio de madera, ha animado a la reconciliación ciudadana usando el Amigos para siempre de Los Manolos. Pero la distancia no está entre compadres o regiones, sino entre la realidad y los irresponsables gobernantes catalanes. “Venceremos”, insistía Puigdemont a Russia Today (el demócrata busca altavoces bien higienizados).

No. Han perdido. Y están peor que antes: ya no habrá reformas, que serían un premio a la DUI. El otoño nos enseña el final de sanatorio de Puigdemont, sea el que sea. En esta semana televisiva, a su llorón narcisismo le debería poder contestar Chiquito, que era un gato andaluz surrealista caminando sobre el piano del humor y del hambre: “Cobarde”.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor