PUIGDEMONT, SU DOBLE Y SU ” MUERTE ”

Hay un término germano que describe el fenómeno, dopplegänger, aunque más que el vocablo en sí interesa el concepto subyacente. Crear el doble de uno mismo supone arriesgarse a la tiranía de la reproducción. Y Puigdemont el real corre el peligro de acabar encerrado en su propio holograma.

Empezará a costarle trabajo diferenciarse de sí mismo. Y deberá pagar la factura de estos pactos mefistofélicos. No es gratuita la bilocación a la que aspira Puigdemont. Estar en Bruselas y en Barcelona a la vez requiere un tributo a la altura del prodigio. Especialmente si decide valerse de una marioneta para ejercer la ventriloquía puigdemoniaca.

Artur Mas era un espantapájaros hasta que ejecutó al patriarca Pujol, del mismo modo que Puigdemont se introdujo en nuestras vidas como un presunto subalterno del propio Mas. El crimen edípico es el escarmiento al que se arriesga ahora el ex president. Ungiendo a su valido estará escogiendo a su ejecutor, más allá de la anomalía que supone inducir el colapso de la política catalana con el cetro del mando a distancia.

No le estamos aconsejando a Puigdemont que se entregue a las autoridades -es su deber-, pero sí que eluda la tentación de duplicarse. Ahora que celebramos el bicentenario de Frankenstein, el ex president debería considerar la rebelión que su doble puede urdirle. Hasta extinguirlo.

 No se merece Cataluña un presidente de ficción. O al menos, sólo la merecen quienes han otorgado no credibilidad, sino credulidad a las cadenas del fantasma de Flandes en el gobierno de ultratumba.

Rubén Amón ( El País )

viñeta de Linda Galmor