PUIGDEMONT, ESE DRAMA

España tiene que alargar poco sus lamentos sobre la extradición -la no extradición- de Carles Puigdemont. Lo importante, lo fundamental, es que el golpe fracasó en Cataluña, que se impuso el Estado, y que los golpistas están en la cárcel o fugados.

Que algunos jueces de otros países no entiendan o no quieran entender lo que sucedió en mi ciudad durante los meses de septiembre y octubre del año pasado puede resultarnos frustrante, pero ni nos ha de llevar al autodesprecio ni a la sensación de derrota.

Lo del independentismo es tan insólito -no la idea de la independencia de Cataluña, sino la actitud de los “procesistas”- que es difícil de entender no sólo fuera de España sino hasta para los que llevamos años dando vueltas sobre lo mismo. Es francamente inexplicable lo que hicieron, la estupidez con que lo hicieron y que ignoraran lo que les sucedería. No me extraña que desde la distancia, resulte más creíble que la verdad cualquier otra teoría.

De todos modos, el castigo de la cárcel o del destierro es el que este tipo de delitos merecen, aunque por desgracia -y no una desgracia exclusivamente española- suele haber esparcida por el mundo una terrible ignorancia que nos lleva a tomar por “causas” lo que son atentados, y por “héroes” a piratas, delincuentes y farsantes.

La indigencia intelectual y moral con que insultamos a Israel y convertimos a los palestinos criminales en víctimas es un despropósito bastante más grave que la decisión de los jueces regionales alemanes. Lo que dijimos, escribimos e hicimos con las mal llamadas “primaveras árabes” fue un escándalo de vergüenza ajena: dimos cobertura a algunos de los mayores asesinos de la Tierra, tal como en nombre del buenismo y la corrección política, albergamos todavía hoy en España a yihadistas de la más oscura naturaleza y preferimos dejarles que nos maten a arriesgarnos s que nos llamen racistas o fascistas. Eso por no hablar de la complicidad de Podemos y sus adherentes con regímenes tan siniestros como el chavismo en Venezuela o el castrismo en Cuba.

No es nuevo ni nos es ajeno que felones del más diverso pelaje acaben por ignorancia, por mala leche o por zafiedad, convertidos en símbolos de cualquier cosa en nuestra casa. Lamento decirlo, pero no vamos tan sobrados de dignidad para darles lecciones a los jueces alemanes.

Pero es que además no hace falta. Lo que sí nos falta es un poco más de audacia para leer con más temple el escenario que nos queda. Podemos sentirnos frustrados, pero tiene que ser una frustración leve, puramente veraniega, lo que dura una habanera, porque Puigdemont y su intentona fueron derrotados, el independentismo hizo el más humillante de los ridículos, y 20 años sin poder volver a tu casa es un castigo más que notable, y ejemplar -aunque hoy nos sepa a poco- y sirve de sobra para que el próximo que quiera hacer bromas con la integridad de España, se lo piense un poco mejor de lo que el expresidente de la Generalitat y su banda lo pensaron entre el 6 de septiembre y el 27 de octubre del año pasado.

Lo tan español de lamerse las heridas y de convertir los contratiempos en falsas tragedias totales, nos iguala en estulticia a los independentistas, que se contentan con cualquier petardo, como los perritos corren a buscarla cuando los tiras la pelota. El independentismo chuleó a España y su fracaso y su derrota, sobre todo por su propia incompetencia, han sido y serán el mayor castigo, incluso más severo que el destierro o la cárcel.

Tendríamos que dejar los dramas para las federicas histéricas de siempre, disfrazadas de las Hermanas Catafalco, y que sin el menor escrúpulo, escupiendo sobre cualquier concepto de patriotismo y tratándonos como si fuéramos idiotas, han convertido el “drama permanente” en una máquina tragaperras para arruinar a los españoles de buena voluntad.

Habría sido mejor que los jueces alemanes no se hubieran equivocado. Pero ni el independentismo ganó ni España puede pasar a comportarse, ante una adversidad, como el país de tremendismo tercermundista al que de cabeza nos llevarían, si mandaran, tanto los independentistas como las federicas catafalcas.

De verdad, tenemos poco tiempo y mucho trabajo.

Salvador Sostres ( ABC )