PUIGDEMONT, FANTASÍAS DE GORDITO

Puigdemont se comunica con haikus y material de almanaque. Como esa foto que colgó, esa estampa de viajero entre MachadoCela y Labordeta: una carretera catalana cerca de la frontera con Francia y el horizonte de un pueblo como pequeñas tacitas hirviendo de frío. Y un acertijo: “Camins…”. “Puigdemont podría estar a punto de volver a España”, interpretaba Dani Mateo, siempre aterido o sorprendido de sus gracias, a las que muerde de lado.

Hasta la seriedad de Hilario Pino, que sigue pareciendo un recepcionista de las noticias, se recreaba en el enigma sonando a bisagra y a llave de paletón. Imagino a Puigdemont colgando fotos de pingüinos, de una ensalada de quinoa, de sus pies besándose como ardillitas, de él sosteniendo la Torre de Pisa, y a todos los medios preguntándose qué significan y qué barruntan.

A Puigdemont se le ha ido la olla, sueña con venir en cuerpo glorioso, sin que lo toquen materia ni leyes, a coronarse con querubines aerostáticos y patriarcas mitraicos, y lo peor es que aquí le siguen el juego y de cada tontada suya hacen un secreto de Fátima. Puigdemont quiere una investidura telemática o “telepática”, según dijo Ferreras; gobernar como Sauron o gobernar de mirón, o que lo bajen como una Virgen marinera desde Bélgica, entre salves y remeros. Puigdemont ya no tiene sueños de gobernante, sino fantasías de gordito de instituto, y hasta puede acabar con su propio partido. Por eso se ha ido, entre otras cosas, Artur Mas, intentando darle un toque de atención como explicaba Jordi Casas en Más vale tarde.

La república unipersonal de Puigdemont no gusta en el PDeCAT ni en ERC. Dificulta formar un gobierno efectivo, ese «bien superior» que decía Joan Tardà en Al rojo vivo; un gobierno sin un emperador galáctico presentándose sólo en holograma o en bandada de cuervos, que permita mantener el poder mientras se modulan el discurso y la táctica independentistas. El relato único se quiebra y del ovni se van cayendo MasMundóForcadell… Hasta los Jordis jurarán sobre ‘El Guerrero del Antifaz’. Pero Puigdemont quizá sólo anda pensando si colgar por fin esa foto suya sobre un elefante con perlas y ballestas, como si fuera Jerjes. Así, así se rendirá el Estado al ver su poderío y su majestad, salomónicos como sus bufandas de caracol.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor