Con independencia de que el Gobierno aclare el uso o no del sistema Pegasus con el que supuestamente se espió a decenas de dirigentes separatistas (muchos de los cuales pasado el tiempo perpetraron un golpe de Estado), y más allá del recorrido judicial del caso, parece claro que la ofendida indignación de los secesionistas esconde un tacticismo que acota el alcance real de su sorpresa.

Porque al menos el entorno de Carles Puigdemont conocía el informe y su publicación, a través de un tinglado de fervientes colaboradores del separatismo catalán, se ajustó a la mayor conveniencia del fugado en Waterloo.

La elección de ese tiempo para victimizarse -una de las tradicionales ‘especialidades de la casa’- tiene más que ver con la estrategia política y las trifulcas y juegos de poder internos (los exconvergentes, contra los ‘colaboracionistas’ con el sanchismo de ERC) que con el asombro real que les provocó el informe del presunto espionaje del que fueron víctimas.

ABC

viñeta de Linda Galmor