Ahora que Putin se ha quitado la careta y muestra su rostro de asesino, cobra especial gravedad la presencia de sus peones tanto en el Gobierno de España como en la mayoría parlamentaria que Rubalcaba denominó certeramente «Frankenstein», armada a mayor gloria de Sánchez sin el menor escrúpulo democrático.

El fundador de Podemos, Iglesias, habla en sus redes de «guerra» a fin de equiparar al agresor con el agredido y denuncia como «censura» el bloqueo por parte de la UE de los canales de propaganda rusa que él ha utilizado siempre para difundir sus consignas. La ministra Montero forma parte destacada del Grupo de Puebla, ‘lobby’ impulsor de la extrema izquierda internacional, que exige la retirada de cualquier sanción a

 Rusia; es decir, impunidad para el atacante. En el mismo centro de intoxicación ideológica militan la exportavoz socialista Adriana Lastra, o Zapatero, maestro y mentor de Sánchez, entre otros políticos próximos a nuestro líder patrio.

Sus dos socios preferentes en el Congreso, Otegui (Bildu) y Junqueras (ERC), aparecían juntos el pasado viernes en un vídeo colgado en Twitter por el terrorista vasco, quien se autoproclamaba «nación» y precisaba: «Somos la nación del NO a la OTAN»; o sea, del SÍ a la indefensión del mundo libre ante las acometidas de un tirano que mata a civiles ucranianos sin torcer el gesto y amenaza con emplear su arsenal nuclear contra cualquiera que le plante cara.

En esta escalada sin precedentes, el mayor desafío a la paz mundial que hemos conocido desde la crisis de los misiles de Cuba, tenemos al enemigo acampado en La Moncloa y al jefe del Ejecutivo, rehén de fuerzas alineadas en el bando contrario, que tratan de disimular refugiándose en la equidistancia.

Mientras el canciller socialdemócrata alemán, Scholtz, anuncia un cambio de rumbo histórico en la política de su país con la inversión del 2 por ciento del PIB en Defensa y la presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen, hace lo propio al autorizar el envío de armamento ofensivo a Ucrania para que pueda repeler la ofensiva de la que es víctima, integrantes del Gobierno español se manifiestan en contra de la Alianza Atlántica, cuyo amparo es nuestra única protección frente a un Putin lanzado a la conquista.

¿Cómo no van a excluirnos esos aliados de los cónclaves donde se toman las grandes decisiones? Nadie se fía de España. En su lugar, yo tampoco lo haría.

Si ya antes era urgente expulsar del poder al monstruo, ahora se ha convertido en una necesidad imperiosa. El PP de Núñez Feijóo debe darse prisa en coser sus heridas, alinearse para la batalla y encabezar una alternativa ganadora.

Nos va en ello la vida, en sentido literal.

Isabel San Sebastián ( ABC )