Las mutaciones del coronavirus, según nos dicen las persona que tratan de defendernos de ellas, según han ido apareciendo vienen siendo de más fácil contagio, pero menos dañinas, con menor carga de mortalidad y de menor duración.

Eso no quiere decir que no vayan apareciendo vacunas nuevas y se estén fabricando menos unidades. Los laboratorios  siguen funcionando a tope, sacando millones y millones de dosis que se reparten por todo el Mundo.

Así será mientras vayan sirviendo para que algunos canallas sigan ampliando las cifras de su inmensa fortuna con los beneficios que está alumbrando tan fabuloso negocio. Negocio del que no parece que España tenga fácil poderse beneficiar, ni siquiera cubriendo la propias necesidades.

Hace unos días recordaba el proyecto del CSIC, bastante publicitado en prensa, radio y televisión por esta inutilidad de Gobierno para darse lustre, en búsqueda de la vacuna española con la que hacerle frente al devastador Covid-19. Y fue presentado, mal utilizando a SM don Felipe VI, llevándole hasta los mismísimos laboratorios, como avanzado y muy prometedor proyecto por el ministro Pedro Duque.

Ahora resulta que la prometida vacuna española según la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios, no está siendo capaz, a pesar del retraso en el que ha venido evolucionando, de alcanzar el científico nivel exigido, que no es otro que el de pararle los pies al jodido virus.

En noviembre la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, dependiente del ministerio de Ciencia e Innovación, autorizó el ensayo clínico en fase II. Lo que para  don Trolas Sánchez «…es una noticia extraordinaria para la ciencia y la sociedad española (…) Un motivo de orgullo de país».

Lo verdaderamente extraordinario es que países muy alejados de la élite científica mundial como son Tailandia, Kazajistán, Indonesia, Cuba, Vietnam, además de  todos los países homologados con España en el PIB, y algunas docenas de países más, según la OMS, tienen 108 vacunas que ya están en estudio en seres humanos, pero para que los españoles nos sintamos tan orgullosos como (¡hace falta tener cara!) el embustero Sánchez, ninguna es española.

Ridículo del gobierno español en pleno y de manera más notoria el del ministro de Ciencia, Pedro Duque, por haber intentado ponerse una medalla en su «espacial pecho», haciéndole creer  a SM el Rey, que la vacuna española estaba prácticamente a punto cuando…

En vez de haber dado con la fórmula para acabar con la Covid, según se dice por los mentideros de la Capital, con lo que se han dado de bruces nuestros científico es con la fórmula de la Coca Cola (menos el ingrediente secreto, que habría sido todo un triunfo), con la sabrosa y refrescante fórmula del Chupa Chups, y con la práctica y sencilla fórmula de hacer pis y caquita en cuclillas.

Claro que no es culpa de los científicos, que reconocida es su calidad. La culpa es de quien ha forzado hasta  límites que atropellan a la razón para alcanzar la Presidencia del Gobierno de España, sin tener la necesaria calidad intelectual, ni la talla humana ni el suficiente conocimiento en materia tan difícil (¡gobernar!) como es la dirección integral de un país tan importante como es nuestra muy querida patria.

¡Coño! si no vale ni para presidir una comunidad de vecinos con la ayuda de un administrador profesional ¿qué cabría esperar de él?.

Eloy R. Mirallo ( El Correo de España )