QUE DIOS LOS PILLE CONFESADOS

Rezar nunca está de más. «Reza lo que sepas», se solía recomendar en las películas a los malos cuando eran sorprendidos por los buenos en una de sus fechorías. Así, los separatistas aceptaron el sábado por la noche, con fruición de catequista, la hospitalidad de los monjes de Montserrat, que abrieron las puertas de la abadía católica a los protagonistas del «procés» al acoger en sagrado a los partidarios de un grupo de presuntos golpistas.

El monasterio emitió un comunicado explicando que «no es promotor ni se adhiere institucionalmente a la vela» y recalcó «que Montserrat es la casa de todos y no se posicionan a favor ni en contra de acciones políticas concretas». Al menos anteayer, porque en una misa de febrero de 2018 se escuchó esta plegaria en el emblemático templo benedictino: «Al llegar a esta hora vespertina, rogamos por el restablecimiento del gobierno catalán y por la libertad de los consejeros elegidos democráticamente. Roguemos al Señor, Señor ten piedad».

La vigilia en favor de los presos de este fin de semana en Montserrat, en vísperas de la sentencia del Tribunal Supremo, contó con la presencia de algunos de los principales protagonistas del movimiento separatista del pasado y del presente.

Estuvieron, por ejemplo, Jordi Pujol y su esposa, Marta Ferrusola, aquella «madre superiora de la congregación», que ordenaba el envío de «misales» (millones) a los bancos de Andorra para despistarlos de los ojos de Hacienda. Hacen bien en rezar los Pujol, el matrimonio y los siete hijos, pues están todos ellos a punto de banquillo, encausados por haber hecho turismo en buena parte de los paraísos fiscales del mundo.

Y estuvo Quim Torra, ese extraño cristiano que dejó escrita aquella bella jaculatoria que hablaba de los españoles como «esas bestias carroñeras, víboras, hienas con una tara en el ADN». Obsesionado con el racismo, en el oficio del sábado el dirigente separatista leyó una oración de Dietrich Bonhoeffer, un teólogo y religioso alemán que fue asesinado por los nazis.

La vigilia concluyó y los fieles y sus lazos dejaron la casa de Dios y se fueron a las suyas. Se cierra el círculo. Ayer rezaban por la suerte de unos golpistas dos años después de que algunas iglesias de Cataluña se convirtieran en centros de votación de un referéndum ilegal mientras el cura cantaba misa.

Que Dios les coja confesados, que falta les hace.

Álvaro Martínez ( ABC )