QUE EL FIN DEL MUNDO ME PILLE VOLANDO

El fin del mundo se ha predicho de forma documentada en 69 ocasiones, si no me fallan los cálculos, que es algo que puede haberme sucedido porque tengo una cierta querencia por ese número y cuando llego a él,  me lio y no sigo contando.

Los profetas del apocalipsis que siempre están de guardia han dejado de observar el vuelo de algunos pájaros, los posos de algunas bebidas o las cenizas de algunas hogueras para centrarse en el comportamiento de los seres  humanos que, según parece, ofrece señales inequívocas de que se acerca el momento en el que nuestra raza desaparecerá del planeta tierra.

Se está dando la ecuación perfecta para que todo falle y colapse, porque cuando gobiernan los más ineptos y se convierten en líderes de opinión los más fanáticos e indocumentados, el resultado solo puede ser el regreso a las cavernas.

Con frecuencia me pregunto dónde estaban hace años estos personajes que unas veces eran carne de cañón y otras de  psiquiátrico, y  que ahora pueblan las televisiones y las redes sociales impartiendo doctrina para lerdos, con gran éxito de crítica y público.

La respuesta es que pasaban inadvertidos porque nadie les echaba cuenta. Formaban parte de un sector social  que estaba entre la cirrosis y la sobredosis,  carecían de esperanza y sobrevivían en un mundo oscuro,  hasta que alguien les hizo ver que su voto era rentable, sin importar cuál fuera su causa,  porque estaban decididos a  asumirlas todas, por más disparatadas que fuesen, que ya llegaría el momento de incumplir las promesas.

Hasta hace unas décadas la gente se sentía representada por opciones políticas ideológicamente afines y los partidos ofrecían una cierta coherencia programática a su electorado.  Hoy los ciudadanos les importamos una higa a los políticos que nos  van a pedir una vez más el voto, como quien le pide un café a un camarero, y por eso en algunos casos habría que derramárselo encima.

Todos los votos valen igual, pero no todos los votantes valen lo mismo, como tampoco todos los políticos se merecen  similar respeto.

Sé que esta frase va a hacer que crujan las frágiles costuras intelectuales de no pocos adictos a la corrección política pero si reflexionan verán que la democracia,  considerado el mejor de todos los sistemas políticos posibles,  también tiene sus fisuras y yo sostengo que a todos nos iría mejor si los partidos políticos hicieran una selección más estricta de sus candidatos, porque para ser presidente de gobierno no basta con subirse al Falcón y esperar a que el fin del mundo le pille volando.

Diego Armario